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Lenta agonía

Tiempo de lectura 2 min.

10 de septiembre de 2011. 01:12h

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10/9/2011

La izquierda socialdemócrata sobrevivió al colapso del comunismo, pero esta crisis descomunal la está dejando exhausta. Agoniza sin respuestas ante una realidad que ni la demagogia más burda ni la campaña de márketing más ingeniosa lograrán ya disfrazar. Ella lo sabe. Y los votantes también. Cada vez más. Porque no se puede pasar en un año de rechazar por razones ideológicas un acuerdo con el PP para reducir los gastos a abrazar la austeridad con fingidos golpes en el pecho de patriotismo constitucional y a continuación criticar a las administraciones (del PP, por supuesto) que deciden acometer los recortes inevitables. Demasiada pirueta incluso para el fibroso y elástico Rubalcaba. Ya puede erigirse en campeón del Estado del Bienestar, reencarnarse en Perón, resucitar a Keynes y agitar la envidia y el rencor social con el linchamiento de los ricos.

Los españoles más sensatos se han convencido de que todo se vendrá abajo si no recuperamos la senda del crecimiento económico. No habrá bienestar que conservar si el endeudamiento sigue siendo la única vía para financiarlo. La economía no miente. De donde no hay no se puede sacar. Cualquier familia lo sabe. La única manera de burlar a los «malditos» mercados es librarse de la necesidad de pedirles dinero. La deuda y el gasto público nos atrapan en su dependencia. No es tan difícil de entender. Nuestra izquierda se resiste a aceptarlo porque estaría reconociendo la derrota ideológica. En su desconcierto, prefiere cabalgar a lomos del populismo y seguir vociferando en la calle.
 

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