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Mas inhabilitado

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26 de noviembre de 2012. 01:05h

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26/11/2012

Los resultados de las elecciones de Cataluña, que han registrado una participación histórica, suponen el triunfo de la razón y la moderación frente a la temeridad de los soberanistas que desafiaron la convivencia constitucional de todos los españoles. Es decir, ha fracasado estrepitosamente el mesianismo insensato de Artur Mas, quien ha quedado inhabilitado como gobernante. El líder de CiU, que prometió sacrificarse personalmente si no lograba sus objetivos, está obligado moral y políticamente a dimitir de sus cargos y dejar el paso libre a que otro dirigente más realista ocupe la presidencia de la Generalitat. Quien ha roto todos los puentes de diálogo con el Gobierno de la nación no puede gobernar Cataluña; quien ha prometido consultas ilegales y ha crispado gravemente la convivencia entre los catalanes no puede representar a su comunidad; en suma, quien ha denigrado al resto de los españoles como ladrones es el menos indicado para luchar contra la crisis. Agobiado por una situación económica insostenible, obligado a pedir un rescate de más de cinco mil millones de euros al Gobierno de la nación e incapaz de gestionar con eficacia los ajustes, Artur Mas convocó elecciones con dos años de adelanto con el propósito de obtener la mayoría absoluta que le permitiera afrontar sin ataduras otros cuatro años de gobierno. Para ello se envolvió en la bandera soberanista como si ésta tuviera propiedades milagrosas frente a la crisis y como si fuera un ensalmo ante supuestos agravios de España. Aunque la estrategia era burda, demagógica y populista, le permitió transitar toda la campaña electoral sin hablar de los recortes sociales, del rescate financiero y de las medidas que pensaba adoptar. En definitiva, Artur Mas puso Cataluña patas arriba, la enfrentó agriamente con el resto de España y sembró cizaña entre los propios catalanes con el único objetivo de lograr una mayoría «excepcional». Pues bien, no sólo no la ha conseguido, sino que ha sufrido el mayor varapalo de la historia de CiU, un voto de castigo sin precedentes que ha beneficiado al independentista ERC. Además, las dificultades de gobernabilidad se han acentuado, con la entrada del grupo antisistema CUP. Mas no sólo queda desautorizado como gobernante, sino también como líder de CiU. Su desvarío ni siquiera ha servido para reforzar el bloque soberanista en el Parlament, que contaba con 76 diputados y ahora retrocede hasta los 74. El pueblo catalán ejerció ayer masivamente su derecho a decidir y lo hizo de la manera democrática más genuina: en las urnas. Y lo que decidió es que Cataluña forma parte sustancial de España. Los mesías del separatismo ya no podrán agarrarse al mantra del referéndum por el «derecho a decidir» sin violentar la voluntad de millones de catalanes. Ayer ganó Cataluña, ganó España y ganó el verdadero derecho a decidir de los catalanes.
 

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