Ciencia Ficción

Un retrato sin aristas

Dirección: Martin Scorsese. Intervienen: Paul McCartney, Olivia Harrison, Eric Clapton, Terry Gilliam. EE UU, 2011. Duración: 208 minutos. Documental.

Un retrato de Harrison
Un retrato de Harrisonlarazon

Cuando Roland Barthes dice que el lector vive el mito a la manera de una historia verdadera e irreal está apelando a su ambigüedad ontológica. Es decir, el mito se define en ese momento singular en el que lo real empieza a pertenecer al reino de lo imaginario. En cierto modo, todo documental que quiera acercarse a un mito está condenado a alimentar esa ambigüedad. Por mucho que quiera anclarse en los hechos está predestinado a imprimir una leyenda sin matices. Sorprende, no obstante, que el director se deje devorar por el mito, como ya ocurría en «No Direction Ho- me», su documental sobre Bob Dylan: quizá porque los Beatles forman parte de su educación sentimental, quizá porque su historia coincide con esos convulsos sesenta que le vieron nacer como cineasta, lo cierto es que Scorsese no tiene ningún interés en hacer una biografía en perspectiva, con puntos de fuga. Las aristas de la personalidad de Harrison son notas a pie de página de un epidérmico retrato en positivo. Harrison entra por derecho propio en la galería de personajes memorables del cine de Scorsese. No es extraño que invierta tanto metraje en examinar su descubrimiento de la meditación, su amistad con Ravi Shankar, su aprendizaje de los secretos de la música india. La admiración le desborda, y la película, que supera las tres horas, también se desborda para llegar siempre al mismo punto: George Harrison era el miembro más espiritual de los Beatles.

Es lógico que la conclusión sea simple, dado que el documental está producido por la viuda de Harrison. Algunos episodios evitan voluntariamente la polémica, que probablemente dejaría en mal lugar al cantante. El montaje, pulido y rimado, hace que el relato se mueva sobre ruedas, de modo que la vida del icono carezca de profundidad. La vida, entonces, es una superficie deslizante sobre la que el fantasma de Harrison patina sin esfuerzo. De mirar y no tocar.
 

lo mejor:
la enorme cantidad de material de archivo que Scorsese maneja con gran soltura
lo peor:
el tono hagiográfico del conjunto nos hace añorar un enfoque algo más malvado