La Prensa del futuro llega en tabletas

Aseguraba recientemente en una entrevista Juan Luis Moreno, nuevo presidente de Medios On, la Asociación Española de Medios de Comunicación Online, que la llegada al mercado del iPad en 2010 ha supuesto «un auténtico punto de inflexión en el consumo de contenidos porque, al final, es lo que más se puede asemejar a lo que era la percepción de la lectura en papel, permitiendo incluso pasar las páginas con los dedos; pero, además, te permite contenidos mucho más audiovisuales».

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Por tanto, parece claro que estamos ante el principal soporte de futuro para la lectura de prensa, razón por la cual todos los principales fabricantes se han lanzado a una carrera para tener su propia tableta e intentar que Apple no monopolice el mercado con su iPad –más de 17 millones de unidades vendidas en apenas nueve meses–, del cual se presenta la segunda versión, el iPad2, el próximo miércoles, 2 de marzo.

Lo mejor de cada uno

¿Qué aportan las tabletas que no tengan los ordenadores o los teléfonos móviles? Evidentemente, estamos ante un dispositivo que conjuga lo mejor de cada tipo: así, son más cómodos de transportar que un portátil, disponen de herramientas de software similares a las de un PC, cuentan con pantallas con un tamaño lo suficientemente grande como para leer el periódico o un libro y nos permiten navegar por internet, escribir o jugar mucho mejor que con un smartphone, de dimensiones mucho más reducidas.

Es decir, estamos ante unos aparatos con pantallas de alta resolución y cuyo tamaño oscila entre las siete pulgadas de modelos como el Samsung Galaxy Tab, la BlackBerry PlayBook o la HTC Flyer, hasta las diez del iPad o de la Motorola Xoom. Además, su peso es menor que el de algunos libros: entre 400 y 800 gramos.

¿Sustituirán estos dispositivos al papel? Aventurar algo así es adelantarse al futuro, pero no cabe duda de que ambos soportes convivirán durante mucho tiempo y de que la vida del diario impreso es aún larga. Sin embargo, hay un hecho incuestionable: las nuevas generaciones, incluidos los alumnos que estudian Periodismo, han perdido el hábito de comprar el periódico. Es más, tal y como aseguraba recientemente Francisco Esteve, catedrático de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, los estudiantes ni siquiera se molestan en coger los ejemplares que los diarios de pago envían de forma gratuita.

Ante esta situación, los más jóvenes optarán por leer la prensa en medios digitales y, para ello, el uso de las tabletas se extenderá como ha ocurrido con los teléfonos móviles, pues hacen las veces también de libro electrónico, de consola de videojuegos o de dispositivo desde el que acceder a las redes sociales. No debemos perder de vista que, a medio plazo, los lectores no concebirán un medio cuya información corresponde al día anterior en lugar de estar actualizada al instante y que ofrece «sólo» fotografías, y no contenidos audiovisuales, infografías, acceso a cualquier servicio añadido, conexión con redes, grupos de lectores…

Además, debemos tener en cuenta que las tabletas no han hecho más que llegar y que su potencial es tremendo. Una de sus principales bazas es la conectividad, a través de wifi, 3G, Bluetooth… Quiere esto decir que las versiones que los periódicos hagan para estos dispositivos podrán estar en constante actualización y que, además, pueden conectarse entre sí, de manera que los usuarios pueden intercambiar información, datos, imágenes, vídeos… Además, estarán preparadas para funcionar como medio de pago, con lo que su uso para la descarga de contenidos de pago es otra baza a explotar por parte de las empresas. Asociadas a un número de tarjeta, la compra de cualquier tipo de contenido digital será rápida, sencilla y segura en cualquier momento y desde cualquier lugar.

Por tanto, las empresas periodísticas no sólo no deben tener miedo a la llegada de las tabletas, sino que tienen que ver en ellas un aliado y una oportunidad de negocio. Al fin y al cabo, si se consigue imponer un modelo de pago, el ahorro en papel, impresión y distribución será enorme y esas partidas presupuestarias se podrán utilizar para fines puramente periodísticos, es decir, ofrecer una mejor y más completa información.


El precio
Uno de los principales inconvenientes de las tabletas es su precio. Cuestan varios cientos de euros y, como ocurre con los móviles, en apenas un par de años se quedan obsoletos. La llegada de nuevos modelos no ha abaratado los precios, de momento, aunque es probable que las que vengan equipadas con el sistema operativo Honeycomb de Android cuesten menos. Otra de las opciones que se vislumbran es su vinculación con las operadoras de telefonía a cambio de un periodo de permanencia. Esto supondría pagarlas por una cuota mensual a abonar a la operadora, que ofrecería además conexión 3G. De hecho, esta compañía estaría trabajando en una tableta propia «low cost» de siete pulgadas.