Una enferma de diez

LA RAZÓN habla con la auxiliar de enfermería que ha atendido a Aguirre durante las 48 horas de ingreso en el hospital: «No se ha quejado de nada».

La presidenta recibió ayer el alta médica y habló en la puerta del hospital para agradecer el apoyo recibido
La presidenta recibió ayer el alta médica y habló en la puerta del hospital para agradecer el apoyo recibido

No habían pasado 48 horas desde que Esperanza Aguirre fuera operada, cuando recibió ayer el alta. Acompañada por el equipo médico y por el consejero de Sanidad, la presidenta de la Comunidad abandonó el Hospital Clínico San Carlos, llamando a las cosas por su nombre: «Salgo ya sin tumor», resumió a las decenas de periodistas y cámaras que esperaban en la puerta. Con la voz aún quebrada explicó que los médicos le han pedido que descanse durante 10 días en su casa, aunque ya adelantó que está «con mucho ánimo» y espera incorporarse «lo antes posible». Aguirre quiso comparecer ante los medios, algunos de los cuales esperaban desde primera hora de la mañana, para agradecer los mensajes de apoyo de miles de ciudadanos que le han transmitido en los últimos cuatro días –desde que anunció que le habían diagnosticado un cáncer de mama– así como el trato recibido en el centro público donde se ha sometido a una intervención quirúrgica para extirparle un tumor en el pecho. Un agradecimiento que, según pudo saber este periódico, ha sido mutuo. LA RAZÓN conversó ayer con la auxiliar de enfermería que ha atendido a la presidenta durante los dos días de ingreso en la planta tercera, pasillo C.

Una maleta con «cuatro cosas»
Antes incluso de entrar en su habitación, el pasado martes a primera hora de la mañana, Aguirre quiso saludar a la enfermera y a la auxiliar responsables de sus cuidados. «Nos dio dos besos y enseguida nos preguntó por nuestros cometidos», explica Virginia. Como a cualquier ciudadano más, a la presidenta autonómica se le asignó un dormitorio individual, con un sillón reclinatorio (para el acompañante) y un cuarto de baño. Ya le habían adelantado que el tumor se había cogido «a tiempo» y que tenía «buen pronóstico»; el ingreso no se preveía largo, por lo que Aguirre sólo llevó una pequeña maleta, su bolso, varias lecturas, el móvil y el Ipad. Con prácticamente la misma ropa entró y salió dos días después y durante el tiempo transcurrido en el hospital «no se quejó de nada», fue según la auxiliar Virginia, una «enferma de diez».