MENÚ
viernes 23 agosto 2019
07:48
Actualizado

Fin del primer acto

Un elenco de primeras figuras despide a Tony Leblanc, que fue enterrado ayer

  • Isabel Páez, la viuda del actor, junto a sus hijos en el Teatro Fernán Gómez de Madrid
    Isabel Páez, la viuda del actor, junto a sus hijos en el Teatro Fernán Gómez de Madrid

Tiempo de lectura 4 min.

25 de noviembre de 2012. 22:58h

Comentada
26/11/2012

Tony Leblanc había fabulado mucho en público sobre el día de ayer, el de su despedida. Se le conocen varios epitafios: «Aquí estoy, interpretando el papel de muerto». Otro era: «Aquí yace un cómico. Fin del primer acto». También había pedido «que nadie se preocupe cuando me muera; nací para quitar las preocupaciones». Hasta pidió que esparcieran sus cenizas en los alrededores del Museo del Prado, donde nació, aunque fue enterrado en La Almudena. Por eso mismo era inevitable pensar qué diría el protagonista al saber que su capilla ardiente se instalaría en el mismo lugar que el pueblo de Madrid despidió masivamente a Lola Flores y Rocío Jurado: el Teatro Fernán Gómez, ex Centro Cultural de la Villa.

Recuento de asistentes
Las colas no invandieron como entonces la plaza de Colón, pero desde la apertura de puertas, a las 9 de la mañana, hasta su cierre, a las 4 de la tarde, no dejaron de circular personas delante del féretro abierto del cómico. A su lado,  rodeada de sus hijos, su viuda, Isabel Páez, a la que conoció siendo adolescente y con quien ha compartido toda su vida, nada menos que hasta los 90 años que cumplió esta primavera año el actor. En las primeras horas, la familia no dejó de recibir el apoyo de muchos de sus compañeros. Miky Molina y su madre, Ángela Tejedor; Conchita Bautista, Pilar Bardem, Carlos Iglesias, el ex alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, la actual regidora, Ana Botella, Moncho Borrajo, Imanol Arias, José Mota, Pedro Ruiz, Sara Montiel (sentada durante buena parte del velatorio al lado de la familia), el presidente de la Academia de Cine, Enrique González Macho; el productor Enrique Cornejo, Andrés Pajares, Pepe Carabias, y, por supuesto, Santiago Segura, su «hijo» cinematográfico desde que le invitara a volver al cine con Torrente. «Si estuviera viéndonos, seguro que estaría contando los medios y la gente que ha venido a la capilla ardiente, y diría: ‘Ha habido más que cuando se murió fulanito', porque también era muy competitivo», declaró.

También personajes anónimos, que lamentaban la pérdida de un cómico que les ayudó a sobrellevar los momentos difíciles. Sin embargo, del mundo del espectáculo eran  tres actrices las  más esperadas, quizá porque Tony Leblanc sobrevivió a buena parte de sus colegas varones: Concha Velasco y Laura Valenzuela, con las que compartió protagonismo en diversas ocasiones en la gran pantalla, dedicaron emotivas palabras a su amigo, mientras que Lina Morgan, ausente en la capilla ardiente, mandó su cariño y apoyo a la familia y amigos a través de una gran corona de flores blancas.

Fernán Gómez, Gila y Rabal

También fueron tres los amigos y compañeros de profesión con un protagonismo especial, y que  Tony Leblanc habría echado de menos: Paco Rabal, Miguel Gila y Fernando Fernán Gómez. No les acompañó su presencia, pero sí su palabra, pues colocaron una carta de cada uno en el féretro. En el caso de Paco Rabal, es una misiva para disculpar su asistencia a un homenaje: «Ruedo en Guadalajara o en la ciudad de Toledo, pero donde quiera que esté tú sabes cuánto te quiero, y te mando un fuerte abrazo recordando nuestro tiempo, tus gracias y tus virtudes, tu formidable talento y tu gran capacidad hasta para el sufrimiento. ¡Que tu alegría y tu bondad nos sirva a todos de ejemplo!». Miguel Gila, otro de los grandes cómicos, le decía: «Nos vamos haciendo mayores, pero seguimos transmitiendo a los más jóvenes vivencias y experiencias que estoy convencido les van a ser de mucha utilidad (...). No quiero darte la tabarra, sólo quiero que una vez más sepas que te recuerdo siempre con un gran cariño y un gran respeto». Mientras que Fernando Fernán Gómez le confesó su absoluto admiración con las siguientes palabras: «Cuando ya llevaba unos cuantos años (en esta profesión) me di cuenta de que me habría gustado cantar y bailar, y no sabía […]. Habría querido saber escribir la música y la letra de cientos de canciones. Y habría querido tener un humor... Mejor dicho: una gracia, un salero, espontáneos, populares. Y habría querido que el público disfrutara viéndome y oyéndome contar cuentos y chistes en el teatro, en el cine, en la tele. Todo con gran maestría y gran sencillez. Y también habría querido, ¿por qué no?, ser campeón de boxeo. En fin, tú lo sabes desde hace tiempo: habría querido ser Tony Leblanc».

La última escena con Concha Velasco
Con lágrimas en los ojos, Concha Velasco comenzó la primera de las dos funciones del sábado de  «Concha. Yo lo que quiero es bailar» en el Teatro de La Latina. Acababa de conocer la noticia de que uno de los protagonistas del monólogo en el que cuenta su vida profesional acababa de fallecer.  Tony Leblanc no sólo acompañó a la actriz en 13 películas, como ella recuerda en el libreto, fue el primero en darle su gran oportunidad teatral: la intérprete evoca el momento en el que que, cuando ella trabajaba para Celia Gámez, el cómico fue a ofrecerle un hueco en su compañía para sustituir a Nati Mistral. Fue tan generoso que la colocó la primera en el cartel de la marquesina. Una anédcota que la Velasco recordaba ayer para la Prensa cuando fue a despedirse de «mi maestro, mi amigo, mi hermano», que, para empezar, le subió el sueldo desde 60 a 3.500 pesetas diarias, y, además, «no dejó de atenderme, de cuidarme, de quererme, de enseñarme», recordaba emocionada la intérprete de «Las chicas de la Cruz Roja», donde compartió encuadre con él, como en «El día de los enamorados», «Historias de la radio»...  «Tenía tanta luz que no necesitaba chupar foco para quitárselo a los compañeros», así ha resumido su filosofía como actor. Para colmo, la Velasco perdió ayer al galán que le dio el primer beso (cinematográfico) de su vida.
 

Últimas noticias