Enfermedad mutante misteriosa y múltiple por José Antonio VERA

Enfermedad mutante, misteriosa y múltiple , por José Antonio VERA
Enfermedad mutante, misteriosa y múltiple , por José Antonio VERA

Ahora parece que la Medicina ha encontrado respuestas medicamentosas adecuadas para hacer frente a la Esclerosis Múltiple (EM), al menos en un setenta por ciento de los casos. Pero aún así sigue siendo una rara enfermedad misteriosa, mutante y múltiple que afecta particularmente a las mujeres y que tras más de cien años de investigación aún no se sabe por qué es motivada. Así se puso de manifiesto en el reciente Foro A Tu Salud Novartis celebrado en Goteborg (Suecia), y al que asistieron prestigiosos especialistas. Recogemos una amplia información en páginas interiores, así como un resumen de las intervenciones de los doctores Oscar Fernández, Celia Oreja, Guillermo Izquierdo y Txomin Arbizu. Hoy hay grandes esperanzas porque se combate mejor la dolencia con nuevos fármacos que fortalecen el sistema inmunológico de los pacientes, pero sigue habiendo la misma imprecisión en lo que se refiere el conocimiento de las causas. Hay que tener en cuenta que no nos encontramos ante el caso de una enfermedad menor. En determinadas circunstancias, una persona puede desarrollar incapacidad para escribir, hablar o caminar. También incapacidad total. El problema es que los médicos no pueden fácilmente identificar el motivo de los síntomas, lo que conduce a incertidumbre y diagnósticos múltiples.


A una especie de vía crucis por hospitales que acaba con la paciencia de la gente. Hasta que finalmente se puede diagnosticar con precisión gracias a la resonancia magnética.
Durante un ataque de esclerosis múltiple se produce inflamación en áreas de la materia blanca. A este proceso le sigue la destrucción de la mielina, cubierta grasa que aísla las fibras de las células nerviosas en el cerebro y en la médula espinal. La mielina facilita una transmisión sin dificultad y a alta velocidad de los mensajes entre el cerebro, la médula espinal y el resto del cuerpo. Aunque los científicos han documentado casos de esclerosis múltiple en niños de corta edad y en adultos ancianos, los síntomas rara vez comienzan antes de los 15 años o después de los 60. Las personas de raza blanca tienen más del doble de probabilidad de contraerla que las de otras razas. En general, las mujeres se ven afectadas en una tasa casi el doble que los hombres. También ocurre que la EM es más habitual en los climas templados que en las regiones tropicales. Y más en los países desarrollados. Se ha dicho, en este sentido, que es una enfermedad de la civilización moderna, atribuible en ocasiones al exceso de higiene y al hecho de que tal causa podría predisponer a una inmunodeficiencia adquirida. Los niños no están en contacto con los virus y no generan defensas adecuadas para cuando tienen más edad. Existen pruebas de que el riesgo de empeorar es mayor después de sufrir enfermedades virales agudas.


Creen los investigadores que es una enfermedad del sistema autoinmune en la que el cuerpo lanza un ataque defensivo contra sus propios tejidos. Dichos ataques pueden estar vinculados a un elemento ambiental desconocido, quizás un virus, aunque no está probado. Según el NINDS (National Institute of Neurological Disorders and Stroke) en las enfermedades autoinmunes, tales como la esclerosis múltiple, la tregua o la paz existente entre el sistema inmunológico y el cuerpo queda perturbada cuando el sistema inmunológico parece identificar erróneamente los tejidos propios como tejidos no propios y declara la guerra contra la parte del cuerpo (mielina) que ha dejado de reconocer.


Los científicos han estudiado un número de agentes infecciosos que se sospecha han estado causando la esclerosis múltiple, pero aún no han podido implicar a ningún agente en particular. Los factores genéticos pueden desempeñar un papel en determinar la susceptibilidad de una persona a desarrollar esclerosis múltiple. Algunas poblaciones, tales como los gitanos, los esquimales y los bantús, nunca contraen la EM. Los indios nativos de Norteamérica y Sudamérica, los japoneses y otros pueblos asiáticos tienen tasas muy bajas. Pero no está claro si se debe principalmente a factores genéticos o quizás a ambientales.
Algunas cuestiones sí parecen que están quedando claras. En ningún caso de trata de una enfermedad contagiosa, y el sol y la vitamina D son beneficiosos. Otras hipótesis referidas a la alimentación siguen siendo meramente especulativas.