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Medio Ambiente confirma un déficit hídrico en toda la Península que convierte este invierno en el más seco desde los años cuarenta

La sequía amenaza a España

  • La sequía amenaza a España

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26 de febrero de 2012. 22:19h

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27/2/2012

MADRID- La gran tormenta ni ha llegado ni se la espera. De hecho, un informe del Ministerio de Medio Ambiente con fecha 8 de febrero habla ya de que «España está entrando en un período de sequía meteorológica». Aunque reconoce que a nivel hidrológico los embalses se mantienen a niveles aceptables, el sector agrícola asegura que la sequía hidrológica –la que afecta a los embalses– aún no ha llegado gracias a las abundantes precipitaciones que se registraron en 2009. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) confirma la carencia:  «Tendrían que caer 30 litros por metro cuadrado  de media en toda España antes del miércoles para que este trimestre invernal no se convierta en el más seco desde los años cuarenta», afirma a LA RAZÓN Ángel Rivera, portavoz de la agencia. «Y dudo que lo alcancemos», añade.

Aunque el nivel medio de los embalses españoles supera el 60 por ciento de su capacidad, cada semana se reduce en más de 20 hm3. Así, el balance hídrico presenta un déficit del 41 por ciento ya que a estas alturas del año hidrológico (1 de octubre de 2011 a 30 de septiembre de 2012) ha llovido la mitad que el año pasado: 197 litros por metro cuadrado, mientras el valor normal, a fecha de 22 de febrero, es de 328 litros por metro cuadrado.  Y no todas las comunidades lo padecen de la misma forma.

Los canarios son los que más están disfrutando de los cielos despejados y sufriendo con mayor intensidad la falta de lluvias. «En las islas sólo ha llovido el 25 por ciento de lo que debería», explica el portavoz de la Aemet. Las zonas montañosas tampoco han podido sacarle provecho a las precipitaciones, ya que salvo los Pirineos y algunos picos de la Cordillera Cantábrica, el resto de  cumbres se mantienen secas, sin nieve. Una carencia que se traduce directamente en las cuencas de algunos ríos que no cuentan con este deshielo. Es el caso del Tajo. Su cabecera y su curso medio están bajo mínimos y, según el último balance, su agua embalsada no alcanza el 52 por ciento de su capacidad. Esta situación alarma a algunos de sus vecinos como Julián  Rebollo, vicepresidente de la Asociación de Municipios ribereños de Entrepeñas y Buendía, que no comparte la decisión del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente de derivar parte de las aguas del río que pasa por Guadalajara a la cuenca del Segura: «En momentos de escasez como el que atravesamos es un disparate mantener un trasvase como el que se realiza desde hace años. Además, hace un mes y medio la comisión de trasvase Tajo-Segura aprobó una nueva derivación de 274 hm3 para los próximos tres meses». Rebollo ecxplica que la cabecera del Tajo lleva años sin aguas excedentarias y que el nuevo Plan Hidrológico Nacional debería volver a valorar cada una de las cuencas. «Estamos a menos del 40 por ciento de capacidad en el nacimiento del río», confirma el portavoz.

Alerta en el campo
En el otro lado de la balanza se encuentran los agricultores del sureste de la Península, que están acostumbrados a las escasez de lluvias pero no a ver permanentemente los cielos depejados. «Perdemos producción año tras año.  Un periodo de sequía como el que estamos atravesando no sólo pone en riesgo los cultivos de olivar, almendro y cereal, también afecta al ganado», explica Francisco Vargas, gerente de Asaja Almería. De hecho, un informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente de 2007 prevé descensos de la producción agrícola de entre un 15 y un 30 por ciento en la mayor parte del país por el incremento de los periodos secos en todo el sur de Europa. Así, la productividad de las zonas de secano y de los pastos por el aumento del estrés hídrico y por las inagotables rachas de sequía también descenderán. A este respecto, desde Asaja alertan de que «la actual campaña del cereal, el almendro y el olivo tradicional será poco abundante. Es más, tememos que, si la escasez de agua persiste a lo largo de los meses de primavera, en verano aparezcan los primeros árboles secos». A este déficit se suma la ola de frío que durante dos semanas azotó España. «La  tierra está perdiendo humedad constantemente y el frío seco que hemos sufrido no ha ayudado a preservarla en los campos», dice  Rivera. Por eso, muchas zonas se helaron y no permitieron que las plantas vegetaran: «Florecen menos para ahorrar las pocas reservas de agua que les quedan», explica Francisco Vargas. Por eso, los campos que sufren con más intensidad la falta de precipitaciones están optando por el laboreo de conservación. Los campos de vid del norte de España, en especial de Galicia, también están luchando contra la falta del preciado H2O y muchos terrenos de secanos están optando por los regadíos para mantener su producción.

La agricultura es uno de los sectores más afectados por este trimestre carente de agua, sin embargo, no es el único. Aída Vila, responsable de la campaña de Cambio Climático de Greenpeace, explica que «no sólo la agricultura, uno de los sectores más importantes de la economía española, está sufriendo esta carencía, otros sectores invernales como los relacionados con la nieve también han reducido sus ingresos». El cuarto informe del IPCC sobre el cambio climático afirmaba que «las sequías en España se agravarían y serían más duraderas». En esta línea, Vila apunta a un «efecto cadena», « si no llueve repercute a todas las áreas económicas». Aunque, «aún hay esperanza de que la primavera sea muy lluviosa», insisten desde la Aemet. Mientras, las previsiones no auguran una mejoría, de ahí que en Galicia, donde están viviendo el febrero más seco de los últimos 50 años, la Guardia Civil  haya adelantado la campaña de prevención de incendios.

 

El agua de Soria, a precio de oro 
En tiempos de sequía el agua se convierte en un bien que se cotiza a precio de oro. Un ejemplo es el manantial situado a los pies de la fortaleza de Gormaz, en Soria, a la venta por 1,6 millones de euros y un caudal de 200 litros por segundo. Es propiedad de la sociedad Font Soria, que  tenía intención de explotarlo, pero desistió por el largo proceso administrativo.
 

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