«La Tigresa» la otra amante de los perros

La afición canina está de moda entre los etarras encarcelados. Y es que no sólo la procesada por colaboración con ETA Jaione Intxaurraga lo es –como revelaba LA RAZÓN el pasado jueves–, sino que la sanguinaria etarra Idoia López Riaño también es devota de los cánidos

Idoia López Riaño es una de las presas más activas de ETA / Jaione Intxaurraga logró permiso para cruzar a su perra en Francia
Idoia López Riaño es una de las presas más activas de ETA / Jaione Intxaurraga logró permiso para cruzar a su perra en Francia

«La Tigresa», una de las presas de ETA más activas en la cárcel, haciendo caso omiso a las directrices que la banda impone a sus internos, fue trasladada este verano a Nanclares de Oca, donde el Ministerio del Interior agrupa a quienes acreditan su rechazo a la violencia, y allí se ocupa de cuidar a los perros que el centro penitenciario emplea en un programa de terapia asistida con animales para otros reclusos con problemas de adaptación, informaron a Europa Press fuentes penitenciarias.

Concretamente, «La Tigresa», o «Margarita», está al cargo de dos cachorros de la raza golden retriever. El centro cuenta con estos perros para emplearlos en terapias para presos con problemas de relación y dificultades para integrarse. Instituciones Penitenciarias organiza este tipo de programas también en otros centros.

El trabajo de esta histórica etarra, que cuenta con cerca de una veintena de asesinatos a sus espaldas, consiste en supervisar el estado de los cachorros. Les da de comer y se encarga de que estén limpios y bien atendidos para la terapia en la que ella no participa, dado que no tiene ese tipo de problemas para relacionarse. Se trata de un trabajo no remunerado que desempeña desde hace tan sólo unos días después de sustituir al anterior encargado.

La indisciplina de «La Tigresa» ya era una constante durante sus años de pistolera y lo es también ahora como reclusa. Aceptar este tipo de responsabilidades supone un desafío a las directrices que ETA trata de imponer –cada vez con menos éxito– entre su Colectivo de Presos (EPPK, en sus siglas en euskera). La banda considera a sus internos como presos políticos, por lo que siempre les ha prohibido participar en ninguna actividad organizada en el interior de las prisiones.