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Bailarina

Tamara Rojo: «Quien quiera una compañía privada que se la pague»

Esta semana, Londres asistió a su primera colaboración con el Ballet Nacional de España. Pero la salida de Duato de la CND hace que Rojo vuelva a mirar hacia nuestro país

  • Rojo baila una coreografía  de Frederick Ashton  en el Teatro Real
    Rojo baila una coreografía de Frederick Ashton en el Teatro Real

Tiempo de lectura 4 min.

03 de mayo de 2010. 01:50h

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3/5/2010

Para un mortal es imposible describir el movimiento de los brazos de Tamara Rojo. Hasta cogiendo una copa de vino, tiene elegancia. La bailarina brindó esta semana en Londres con el Ballet Nacional de España para celebrar la que ha sido su primera colaboración. El teatro Coliseum fue testigo de su interpretación de «Romance de luna». LA RAZÓN habló con ella para saber cómo fue la experiencia de ponerse tacones y también cómo se siente con toda la polémica que le viene desde España. Con la marcha de Nacho Duato, su nombre suena para ponerse al frente de la Compañía Nacional de Danza.
-Se habla de usted como una posible sustituta de Nacho Duato al frente de la Compañía Nacional de Danza.
-Lo importante es que, por primera vez, será un concurso abierto. Y eso es lo mejor que podía haber pasado. El puesto se lo llevará quien más lo merezca.
-¿Pero usted está interesada en el puesto?
-Lo único que digo es que todo va por buen camino porque, por primera vez, se tendrá en cuenta la opinión de más gente que forme parte del jurado. Yo tengo contratos que van más allá de un año, pero espero que se apliquen las mismas reglas que en cualquier otro concurso público.
-¿Le gustaría que la eligieran?
-Si yo resulto seleccionada porque consideran que soy la mejor candidata, perfecto. Pero si eligen a otra persona porque está más capacitada, mejor todavía. Yo siempre fui una gran defensora de la danza en España, y lo que quiero es que se tomen las decisiones correctas. Lo que está claro es que la elección no va ser por cuestiones personales, sino por cuál sea el mejor proyecto.
-Por primera vez se plantea un modelo mixto en el que, además del contemporáneo, tendrá cabida la danza clásica y la neoclásica.
-Con repertorio mixto es la única forma de competir con las grandes compañías del mundo como la Royal, la de París o la de San Petersburgo. No se puede tener una compañía privada con dinero público. Quien quiera una compañía privada, que se la pague él.
-¿Le ha sorprendido la decisión de Duato de terminar su relación con la compañía un año antes de lo previsto?
-Duato no ha corroborado nada. Mientras él no diga lo contrario, entiendo que se quedará hasta 2011.
-Se rumorea que Duato podría haber puesto a los bailarines en contra de cualquier persona que viniera del clásico...
-No voy a opinar sobre rumores ni de cosas que yo no he escuchado. Para saber si eso es cierto habría que preguntarle a él o a los bailarines.
-Cambiando de tercio, ¿cómo fue su primera colaboración con el Ballet Nacional de España?
-Ha sido un honor y un placer. Soy una gran admiradora de esta compañía desde que era pequeña. Y el poder trabajar en una coreografía de José Antonio con alguien como el bailarín Miguel Ángel Corbacho, lo mejor de lo mejor, ha sido muy especial. Me ha encantado, lo pasé muy bien. Para mí ha sido algo nuevo. Y cada vez es más difícil en mi carrera encontrar cosas diferentes que te inspiren.
-¿Conocía personalmente a José Antonio? ¿Cómo fue la proposición?
-Me intentó convencer muchas veces de que trabajara con ellos. Para el 30 aniversario me pidió que lo hiciese, pero en ese momento no pude. Me quedé con las ganas, y cuando supe que venían a Londres le dije que por qué no lo hacíamos. Tenía muchas ganas de trabajar con él y tanto él como los bailarines han sido muy generosos conmigo.
-¿Cómo ha llevado eso de ponerse tacones?
-He tardado, la verdad. Tuve que ensayar con ellos durante cuatro semanas. Los primeros días no podía hacer nada: ni girar, ni saltar. Nosotros utilizamos mucho el talón, incluso en puntas. Pero con el tacón estás todo el rato arriba y es una técnica completamente diferente.
-«Romance de luna» es una pieza muy especial.
-Es una versión lorquiana, el niño torero y la luna. Yo soy la luna, un ente abstracto. Por eso da cabida a una bailarina clásica y a no tener que imitar el flamenco. Dentro de la escuela de español tengo mucha más libertad. Y ése es el contraste que funciona en la obra. Ella es un ser extraño que se acerca a un hombre, lo atrapa y se lo lleva.
-Se estrenó por primera vez en San Petersburgo el 20 de diciembre de 1989 y fue bailada por el mismo José Antonio y Natalia Makarova. ¿Ha realizado cambios para interpretarla en Londres?
-No tenía intención de cambiar nada porque me gustó como era la versión original. Desde el principio se creó para una bailarina clásica, por lo que en la coreografía ya se establecía esa diferenciación entre el flamenco y el ballet.
-¿Cómo logra enganchar el flamenco con culturas como la inglesa o la japonesa, tan diferentes a la española?
-Se trata de un baile de entrañas. Uno no tiene que entender nada. Es de sentimiento, de furia, de amor, de pasión, de fuego. Es íntegramente humano. Podría asegurarse que casi primitivo en su forma de expresarse. Muy pocas veces hay historia. Se trata, realmente, de esencia de sentimientos, por eso da igual de dónde seas. En Japón, por ejemplo, les encanta porque ellos de alguna manera son iguales en su arte.
-¿Y el clásico?
-Es más sofisticado. No porque sea mejor, sino porque las formas de expresión están más evolucionadas. Es un tipo de danza muy estudiada de forma académica, por lo que tiene muchísimas más reglas para todo. No es tan gutural, tan esencial. Es más intelectual.
-¿Qué le deparan los próximos meses?
-La semana que viene estrenamos en el Covent Garden una pieza nueva de un coreógrafo inglés. También tengo que bailar «Carmen» y «La Cenicienta». Después nos vamos a Japón y termino en Barcelona con «La bella durmiente».

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