Una marcha rutinaria para culminar el circo sindical

La gran manifestación de Madrid que sirvió de colofón a la jornada de huelga general no fue ni tan multitudinaria como UGT y CC OO hubiesen deseado –no hubo, ni de lejos, los más de 500.000 manifestantes de los que Toxo alardeó en la tribuna de oradores– ni mucho menos organizada.

Tan sólo unas 40.000 personas, según los cálculos preliminares de la Policía Nacional, se dispersaron por las principales arterias del centro de la capital merced a un caos organizativo que degeneró incluso en forcejeos entre el personal de seguridad de las centrales y los profesionales de los medios de comunicación en la cabecera de la marcha, que abrían Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo.

Una cabecera que estuvo casi huérfana de representación política, a excepción del diputado de Izquierda Unida Gaspar Llamazares y que tampoco contó con el apoyo de actores como Juan Diego o Pilar Bardem, que hace unos días respaldaron publicamente la protesta en un vídeo.

Después de hora y media, la cabecera de la marcha logró abrirse paso entre el caos y ante la curiosa mirada de los clientes de la terraza del café del Círculo de Bellas Artes, que daban fe, como la mayoría de los comercios abiertos, de que la rotundidad del éxito del que alardearon los sindicatos era más que discutible.

No se vivió en esta ocasión el ambiente de otras grandes citas sindicales. Los manifestantes –muchos menos de los esperados por las centrales sindicales– avanzaban a paso lento entre consignas de «Zapatero embustero» y gritos de dimisión contra el presidente del Ejecutivo. Esta vez ni siquiera viajaron viajaron los tradicionales autobuses de fuera de la capital, hecho que se notó en la escasa afluencia de manifestantes, más pendientes de el devenir de la marcha que de las reivindicaciones sindicales.

Sobre las ocho y media de la tarde, Méndez y Toxo llegaron a la Puerta del Sol. Allí, y con una pancarta de fondo con el mismo lema que abrió la marcha, «Así no, rectificación ya», los líderes sindicales repitieron los mensajes que habían lanzado durante la jornada. Ambos rechazaron la política de recortes del Gobierno, se jactaron del éxito que representó la huelga y pidieron a Zapatero que escuche el clamor de la calle y rectifique sus políticas.

El más explícito a la hora de tender la mano a Zapatero fue Toxo. El líder de CC OO aseguró que la pelota está ahora en el tejado del Gobierno y que aún tiene tiempo para rectificar. «Si le queda un poco de sensibilidad de izquierdas, que se agarre a este clamor como excusa para convertir la huelga en una oportunidad para rectificar sus políticas que nos han obligado a hacer esta huelga». Toxo insistió en que la protesta no tiene como objetivo derribar al Ejecutivo sino que cambie sus políticas. Eso sí, «si el Gobierno se quiere suicidar no atendiendo al clamor, es su problema, no el nuestro», advirtió.

La mano tendida por Toxo no fue óbice, sin embargo para que Méndez arremetiera contra un Gabinete al que acusó de ser «incapaz de cumplir con su programa electoral y defender a la mayoría de la sociedad española», así como de plegarse a los deseos de los mercados financieros. Como Toxo, Méndez pidió a Zapatero que recapacite ante el clamor popular y salga del «callejón sin salida en el que se ha metido» y del que, aseguró, tiene muy complicado escapar si no es rectificando su política.