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Regina

Tiempo de lectura 4 min.

01 de julio de 2011. 21:58h

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2/7/2011

Esperanza Aguirre ha rescatado a Regina Otaola, una de las mujeres más valientes y valiosas de España. Fue alcaldesa de Lizarza entre amenazas, insultos y cirios del revés. El párroco de su localidad, de la línea Setién-Uriarte-Pagola, no perdonó a Regina que izara la Bandera de España en el balcón principal del Ayuntamiento.

Aquella parte está saturada de curas rarísimos, que creen más en las cocochas de merluza que en Dios, y a los que un disparo en la nuca de un inocente les parece una «travesura» no inmersa en los Diez Mandamientos. Regina Otaola, como María San Gil, otra maravilla de mujer fuerte y firme, se distanció de las alturas del Partido Popular y dejó la alcaldía, pero su gesto y su coraje han quedado escritos en una página de oro de la lucha contra el terrorismo, la matonería y el linchamiento de la extrema izquierda vasca. Una extrema izquierda bendecida por un buen número de sacerdotes poco propicios al amor al prójimo.

Esperanza Aguirre ha nombrado a Regina Otaola, la defensora de la Constitución y la democracia frente a los estalinistas violentos – absurdo pleonasmo por cuanto no existen los estalinistas pacíficos–, directora de la Agencia de Reeducación y Reinserción del Menor Infractor de la Comunidad de Madrid. Puedo asegurar a los menores en trance de ser reeducados y reinsertados en nuestra sociedad que van a contar con la ayuda, la bondad y la firmeza de una mujer ejemplar. Del mismo modo, Regina Otaola es recuperada por el Partido Popular para un futuro político, como habría de hacerse lo mismo con María San Gil, que también estará en Madrid el próximo año, rescatada por Ernesto Sáenz de Buruaga. En su tierra, nadie se ha atrevido a ofrecerle un trabajo digno. El miedo, el pavor, y ahora el terror con Bildu en las instituciones.

Las Vascongadas no están en condiciones de perder a personas tan fundamentales. Pero mucho más importante que el fundamento de esas personas, es la tranquilidad de sus vidas y la seguridad de sus familiares. Los socialistas del Gobierno y de la calle Ferraz, con la ayuda de sus designados en hinojos, han desparramado la mugre por las provincias vascas propiciando el regreso a las instituciones democráticas de quienes no entienden otro valor social que el disparo en la nuca, la bomba, el chantaje, la amenaza y la coacción. La carta de Rubén Múgica a Zapatero quedará para siempre en el archivo de las denuncias valientes. El hijo del asesinado Fernando Múgica y sobrino de Enrique, el más firme ministro de Justicia de los Gobiernos de Felipe González, luchadores por la libertad, presos del franquismo, no se para en barras para señalar al culpable de la ignominia.

«Los responsables tienen nombre y apellidos; y el responsable es usted, Rodríguez Zapatero, y no habrá días en el calendario para perdonar lo que ha hecho». No tiene razón la emotiva portavoz de Coalición Canaria que casi rompe a llorar en el último Debate del Estado de la Nación. «Puede usted mirar a los ojos a España». Zapatero podrá mirar a los ojos a quien quiera, pero a España precisamente no. La ha destrozado en todos los sentidos.

Lo malo para el País Vasco se vuelve positivo para Madrid. Dos españolas valientes y decentes formarán parte del paisaje de las calles del Foro. Regina Otaola y María San Gil. El problema está en el éxodo de centenares de vascos formidables hacia las tierras de la tranquilidad en el resto de España. Aquello se está vacíando de decencia y de resistencia. Peor para ellos. A la larga, lo pagarán. Bienvenidas, Regina y María. España y su libertad os lo deben todo.

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