Guardans: morir matando

El ya ex director se despacha en Twitter contra «el sector» y asegura que se marcha con la «conciencia tranquila»

Ignasi Guardans el día de su toma de posesión junto a su «amiga» Ángeles González-Sinde
Ignasi Guardans el día de su toma de posesión junto a su «amiga» Ángeles González-Sinde

«Está muy afectado, el miércoles todavía no lo sabía. Ha sido completamente inesperado», aseguran desde el entorno de Ignasi Guardans. La Blackberry del político catalán pudo haberse quedado sin batería ayer varias veces. No sólo por la cantidad de llamadas y mensajes que recibió, sino por el uso que hizo de internet, tanto para lanzar mensajes a través de Twitter como para seguir la cobertura mediática que se había hecho de su cese.
Si la noche de su despedida prefirió resolverlo con la metáfora cinematográfica «todo lo que diga puede ser utilizado en mi contra», ayer cambió de parecer y acabó la tarde despachándose a gusto. «Algún día alguien desenmascarará al "sector del cine"del que habla la prensa como de un ser vivo que piensa, está contento, triste, enfadado», señaló en un mensaje a través de esta conocida plataforma que completó con el siguiente: «Más exactos: cuando hay algún cabreo, es "el sector del cine está cabreado". Cuando hay satisfacción o alegría: es "fulanito dice". Fascinante».
Su llegada al poder central frenó su incipiente carrera como bloguero; sin embargo creyó que si era compatible con su actividad «twittear» mensajes de 140 caracteres. Y es lo que tiene internet, que deja huellas. Prueba de que su cese le sorprendió fue que el día de la crisis de Gobierno, le faltó tiempo para alabarla: «Todo lo que adelantan sobre la remodelación suena muy bien. Hay un año para recuperar velocidad y consistencia. Y este equipo sabe y puede». Un equipo que le expulsó unas horas después.
La comunicación, que tanto arguye el nuevo Gobierno como tabla de salvación, no fue nunca un problema para el ex convergente. Buscó el calor de los focos cada vez que pudo y lanzó mensajes casi siempre contundentes, justo lo contrario que le ocurre a su ex superiora, mucho más zapaterista en estas lides. Según coinciden los que compartieron mesas de negociación con él, su principal problema fue la soberbia. La misma con la que pregonó que la UE daría el visto bueno a las nuevas ayudas, sin tener en cuenta la impugnación de Cineastas contra la Orden. Tenía conocimientos suficientes sobre la materia, pero una escasa capacidad de negociación. Siempre beligerante, ayer quiso acordarse de casi todos. Desde su Blackberry también lanzó: «Llegan mensajes muy bonitos (alguno andará brindando). ¿Que qué tal? Serenidad, conciencia limpia, lealtad probada, vista puesta en el futuro». Que continuó con un «Gracias a muchos, perdón a algunos, ojalá me olviden unos pocos, suerte al que llega a este barco. Se hizo lo que se pudo, y un poquito más». Una última advertencia: Y aquí seguiremos, ya con la libertad del ciudadano, comentando y hablando de todo un poco».