Más moral

La Razón
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El fútbol español estaba en deuda con el Alcoyano. La literatura, también. El equipo alicantino, modelo de lucha y entusiasmo en los años cuarenta cuando compitió en Primera, aportó al lenguaje popular, junto a tener un niño de penalti, «la moral del Alcoyano», frase que sentencia la ilusión y la fe que se pone en la conquista de un objetivo. El club alcoyano fue modelo en organización. En aquellos tiempos ya promocionaba la cantera. Su segundo equipo, el Serpis, ganó la final del campeonato de España de aficionados por 4-0 al Indauchu. Los mejores años de la entidad estuvieron presididos por el padre de José Luis Pérez-Payá. Éste, antes de jugar en Primera, ser internacional y campeón de Europa, dos veces, con el Madrid, jugó en el Serpis. No fue el caso del hijo del presidente, al que había que alinear forzosamente. En el mejor Alcoyano formaron Cata, Bolinches, Nasio, Cerdá, Olcina, Estruch, Mundo, en retirada, y el propio Pérez Payá quien, por estudios, pasó a la Real, y luego, al Atlético con Juncosa, Ben Barek, Carlsson y Escudero, la segunda delantera histórica de los rojiblancos, heredera de la llamada «de seda». El Alcoyano, nacido en notable ciudad industrial, famosa entre otras cosas, por sus librillos de papel de fumar (Bambú), se quedó sin los mejores jugadores y descendió. La Segunda es premio a su constancia. Ha hecho honor a su moral. Volvemos a tener minuto y resultado en El Collao. Posdata. Zidanes y Pavones = Zidanes y Varanes.