Al deporte español le van los equipos por Julián García Candau

El deporte ha cambiado una de las características de la idiosincrasia española: el individualismo. En España gozamos de los triunfos de unos cuantos deportistas, pero en los últimos tiempos nos hemos dado de bruces con el éxito continuado de nuestras selecciones. En los Juegos de Londres tenemos representantes por equipos en fútbol, baloncesto, balonmano masculino y femenino, waterpolo también en ambas categorías, hockey hierba y natación sincronizada. Más aún: las posibilidades de obtener medalla están precisamente en las competiciones en las que la solidaridad es fundamental.

Hay datos históricos que confirman que ya de antiguo existía esta condición. La primera medalla importante, y celebrada históricamente, fue la del fútbol en 1920, en Amberes, donde además se dio nacimiento a «la furia» con aquella frase del nacionalista vasco José María Belausteguigoitia: «A mí el pelotón Sabino que los arrollo». Los éxitos por equipo los marcaron años después los hípicos en su concurso. En Londres, en 1948, en los primeros Juegos tras la II Guerra Mundial y a los que España comenzó a participar con la coartada de que había que ir a aprender. En Roma llegó el hockey, deporte familiar, puesto que se relevan abuelos, hijos y nietos con el mismo apellido. No defraudaron en Moscú'80 y han seguido en los primeros puestos mundiales hasta hoy. Hubo algunas medallas consoladoras, pero poco significativas hasta que comenzaron a triunfar los atletas de marcha y en Los Ángeles se dio el gran salto en los 1500 metros en los que Abascal fue medalla de bronce y Andrés Vera séptimo en la final.
Pareció cambiar el panorama, pero se mantuvo la norma de medallas en vela o piragüismo por parejas o cuartetos. En Los Ángeles se dio el primer gran aldabonazo con el baloncesto al llegar a la final para enfrentarse a los imbatibles norteamericanos liderados por Jordan.

Barcelona'92 rompió todos los esquemas con medallas en las que el oro llegó en fútbol, pero también en la gloriosa de los 1500 con Fermín Cacho corriendo por todos nosotros que respirábamos por él. Barcelona nos devolvió a los equipos, pero nos alentó a seguir concursando individualmente. El balonmano ya tiene en su historial una medalla y hasta el romance de amor que unió a Urdangarín con la Infanta Cristina. También ha habido preseas en ciclismo y también con Samuel Sánchez y Llaneras de modo individual, aunque éste también ha triunfado en compañía y hasta con otra pareja.

Al margen de estos ejemplos, Londres nos aguarda con ilusión renovada. El crecimiento de nuestro deporte ha sido tan espectacular que, prácticamente, no hay disciplina en la que no haya un español o un equipo sin haber subido al podio. Y si he citado el atletismo como ejemplo de progresión, cabe recordar que también la natación ha pisado podios y la gimnasia artística ha cobrado oro. Con los constantes podios de la vela casi podría afirmarse que nuestro deporte navega viento en popa. Los regatistas nos garantizan victorias y hasta en el remo tenemos un supercampeón: el gallego David Cal, abanderado en Pekín.

Ya nada es imposible para España. En Londres, sin embargo, todo apunta a que es más factible ganar por equipos que individualmente. Al menos en las grandes disciplinas olímpicas.

 

Posdata
España tropezó. No hay que perder la ilusión si se piensa en la derrota del Mundial contra Suiza. Parece que esta vez no es igual. Obdulio Varela, campeón del mundo con Uruguay, para dar ánimos a sus compañeros decía: «Vamos a ganar que fuera nos aguardan japoneses». Los japoneses de hoy ya no son aquellos. No hace falta que lo diga Luis Aragonés: los japoneses hace tiempo que hacen relojes.