Otra provocación anti-católica

Los laicistas volvieron a concentrarse ayer de manera ilegal en Sol tras los disturbios del miércoles. La tensión fue creciendo y se repitieron los insultos y los ataques a los peregrinos

La protesta ilegal de ayer mantuvo en jaque durante horas a los agentes
La protesta ilegal de ayer mantuvo en jaque durante horas a los agentes

MADRID- Para algunos, la vergonzosa imagen que Madrid proyectó al mundo la noche del miércoles a causa de los altercados protagonizados por los laicistas, que increparon a jóvenes de la JMJ y a la Policía –la jornada acabó con ocho detenidos–, no fue suficiente. Las asociaciones convocantes de la polémica manifestación justo el día antes de la llegada del Papa se desmarcaron ayer de una nueva protesta que a las ocho de la tarde volvió a llenar Sol de insultos hacia los católicos. Esta vez, fueron unos viejos conocidos: los «indignados». Los «dueños» de la Puerta del Sol quisieron demostrar en directo a los miles de jóvenes participantes en la JMJ qué era eso del 15-M que vieron por la tele desde sus países. En su tónica habitual de no pedir autorización a Delegación de Gobierno (ellos nunca la necesitaron) se plantaron en la que muchos califican como «su» plaza en protesta por la carga policial del día anterior. A pesar de que las tres unidades de la UIP desplegadas (150 agentes) rodearon a los 460 asistentes, no se pudo evitar que, al término del acto de bienvenida al Papa en Cibeles (por megáfono se recomendó a los jóvenes que no pasaran por Sol), los peregrinos se toparan en el kilómetro cero con «laicistas indignados». Los últimos aprovecharon entonces para arremeter con agresividad contra los católicos. Improperios, insultos y gritos ofensivos de todo tipo salieron de la boca de los peores anfitriones de la ciudad. La Policía acabó disolviendo la concentración por el paso del Cristo de la Buena Muerte por la plaza. Los «indignados» convocaron una nueva marcha: será a las ocho de la tarde de hoy, desde «su» plaza hasta Atocha. Por supuesto, no tienen autorización, lo que no impedirá que se celebre.