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Tensión ansiedad y fútbol

Gritos desde las gradas, nervios, tensión acumulada... Cuarenta millones de españoles pendientes de que los 23 eligidos para la «gloria» ganen cada partido y no dejen de luchar hasta el pitido final. Pero, ¿cómo controlarán los jugadores que tanta ilusión no se convierta en estrés?
 

  • La ansiedad del futbolista
    La ansiedad del futbolista

Tiempo de lectura 8 min.

12 de junio de 2010. 20:37h

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12/6/2010

Ya está aquí la cita más esperada del deporte español, tras la reconquista de París por Rafa Nadal, el pasado fin de semana. La selección de fútbol se enfrenta dentro de tres días a la última asignatura pendiente: conquistar un Mundial. Cuarenta millones de españoles esperan con ansia que el capitán levante la Copa que les coronará como la mejor selección del mundo y de la historia de nuestro país. Pero tanto deseo, ¿no convierte el apoyo en presión? ¿No crea ansiedad en cada uno de los 23 seleccionados?


Muchos creen fervientemente en un grupo de hombres que rompieron la barrera psicológica de la maldición de cuartos y que desde su derrota contra en EE UU en la Copa de Confederaciones no ha vuelto a conocer el fracaso. Uno de los secretos de este éxito reside en sus mentes y en la de sus preparadores. «La alta competición demanda un optimo nivel mental: buena capacidad de a estar atento y concentrado, un óptimo nivel motivacional, una correcta activación, un magnífico control emocional... entre otros aspectos importantes», Miguel Morilla, doctor en Psicología, profesor en la Universidad de Pablo Olavide de Sevilla y asesor de entrenadores y futbolistas de elite.

Entrenar los pensamientos
Cuidar la mente de un jugador constituye un trabajo que ya empezaron a realizar los alemanes, incasables luchadores que sólo «tiraban la toalla» una vez hubiera pitado el arbitro. Julio de la Morena, psicólogo de los Servicios Médicos del Real Madrid-Sanitas indica que se emplean todas aquellas estrategias que la competición va a ir demandando: automotivación, autocontrol, superación de adversidades, manejo del foco atencional... y Morilla subraya que «siempre debe trabajarse desde la propia actividad futbolística. Quiero decir que debemos huir de cualquier planteamiento de trabajo en sala o en diván. Todo debe ser entrenado en el mismo campo de juego, y a ser posible con balón».


Ante un fallo frente a la portería del rival o haber encajado un gol de la forma más tonta el jugador puede caer en un pozo de lamentaciones y recriminaciones. Para evitar que esto dure más de lo deseado, durante los entrenamientos se trabajan las mejores respuestas. «A través de ejercicios programados, agravamos todavía más las condiciones estresantes de las competiciones para que el jugador se acostumbre a responder en condiciones extremas», explica David Boillos, profesor de Psicología y Dirección de Equipos en la Escuela de Entrenadores de la Federación de Fútbol de Madrid y colaborador del «Master en Detección y Formación del Talento en Jóvenes Futbolistas»


Quizás, lo más cruel de este deporte resida en las gradas. El público es capaz de elevar a categoría de dios o enterrar en los infiernos a un jugador en cuestión de minutos. La presión de esta fuente puede anular las capacidades del deportista. «En este caso hablamos de "jugadores de salón". "Sin el toro por medio, todos somos buenos toreros". La presión de la competición hay saber manejarla, si no tenemos un problema. Pero esto es así, el fútbol es un espectáculo de masas donde muchos te están evaluando continuamente, y eso lo aceptas o... », apunta Morilla.

Según Antonio Cano Vindel, presidente de la Sociedad Española para el Estudio del Estrés y la Ansiedad (SEAS), éstas serían las fuentes subjetivas de estrés. «La ansiedad de evaluación (sentirse observados, evaluados, y con miedo a no hacerlo bien), la actuación ante el público, la sensación subjetiva de control sobre las emociones o la conducta», expone Cano Vindel. En este sentido, Santiago Rivera, miembro del Equipo Técnico de Psicólogos del Sevilla F.C., explica que «saltar al campo y golpear el balón ante la mirada de miles de personas conlleva una serie de reacciones psicofisiológicas que facilitan o entorpecen su rendimiento. Resulta entonces necesario contar con los recursos mentales necesarios para hacerles frente y conseguir que aquello que sucede en su cuerpo, incluida la cabeza, juegue a su favor».


Un marcador de la tensión que se vive en el campo, como explica Boillos, se puede encontrar, por ejemplo, en muchas pérdidas del balón sin oposición, críticas desproporcionadas al árbitro y compañeros, numerosos pases con el receptor en desventaja, excesivos errores no forzados o escaso acierto de cara a la portería contraria. «Estas situaciones pueden ser indicadores de que los futbolistas están demasiado tensos, y como consecuencia de ello, su concentración sea ineficiente», apunta Boillos. Una de las razones de peso para controlar el estrés, «es que un jugador que lo sufrá tiene más tendencia a la lesión, sobre todo musculares y tendrá más complciada una óptima recuperación», subraya De la Morena.


Muchos no dudan en señalar al entrenador como el mejor «psicólogo» para el equipo. El profesional asesora al «míster» para que sea éste, «quién a través de su estrategias, transmita confianza y ayude a sus jugadores a convivir con la presión del alto rendimiento», apunta Boillos. La mayoría guarda esto en secreto, aunque son célebres las charlas de Luis Aragonés o el video de «Gladiator» que Guardiola puso dio el impulso definitivo a sus jugadores en la final de la Copa de Europa de Roma el año pasado. Por ello, Alejo García-Naveira, coordinador Grupo Psicología del Deporte Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, no duda en señalar que «la música y las películas pueden tener una función motivadora y de activación».


Si uno se pregunta cuál es la fuente de ansiedad y estrés para un futbolista, muchos responderán que el lanzamiento de la pena máxima. «Los futbolistas que consiguen "aislarse" en un penalti o en un momento crítico cuentan con la capacidad de concentrarse a pesar de la situación y saben cómo reenfocarse de inmediato si la pierden», apunta Rivera. Este momento, ya sea durante el partido o en la tanda decisiva al final del mismo, puede determinar o incluso variar la actitud de un jugador. «Cuando un delantero que habitualmente está acostumbrado a hacerlo lo lanzará sin problemas. Sin embargo, si lo falla, puede desencadenar futuros miedos ante esta nuevas situaciones como ésta», manifiesta De la Morena.


No hay una receta para afrontar de la mejor manera esta situación que marcará para siempre la carrera de un jugador: Raúl ante Francia en la Eurocopa de Bélgica y Holanda en 2000, Güiza en la última Eurocopa, Casillas y sus paradas… Aquí puede darse lo que Cano Vindel denomina como sesgos cognitivos provocados por el exceso de ansiedad y estrés. «El sesgo atencional consiste en dar vueltas a los pensamientos amenazantes la mayor parte del tiempo. Por ejemplo pensar el 90 por ciento  del tiempo cosas como: "y si perdemos", "y si fallo", "y si.... sucede lo peor". Por otro lado, el interpretativo consiste en magnificar las consecuencias negativas de un posible error, estimar en exceso la probabilidad de cometerlo», apunta Cano Vindel.


Un atacante puede fallar un pase y no pasa nada, pero el portero no debe fallar bajo los tres palos. «En cada momento hay mucha información que se debe procesar: por ejemplo, cuando se va a iniciar una jugada se tienen en frente a 10 compañeros, 11 rivales, al entrenador dando instrucciones, a los suplentes calentando en la banda, un público, un marcador, un árbitro, un cronómetro corriendo, el viento soplando, sus propios pensamientos y sensaciones… Para decidir rápido y bien ante todo esto, la preparación psicológica es necesaria», expone Rivera.

Barreras
Superar límites ayuda a creer en uno mismo, como premisa básica de la psicología, encuentra el ejemplo perfecto en la Roja. Los especialistas aseguran que el hecho de que  hace dos años, en la Eurocopa de Austria, se rompiera con la maldición de cuartos ante la siempre rácana y complicada selección italiana, provocó un cambio de rumbo que les convirtió en capaces de todo. «Para otras selecciones el escollo, donde reside la mayor acumulación de ansiedad, está en superar una final, para España es superar la primera parte de la competición, pasar de cuartos», explica De la Morena.


Puede que ahora la selección, que ya algunos aprovechando el estado de euforia general apodan ya la «Roja mecánica», viva su mejor momento como fruto de todo el trabajo que se ha llevado a cabo tanto física como mentalmente. «En ese sentido, los equipos campeones son los que saben superar adversidades, están unidos y han aprendido a controlar la presión», explica Boillos.

 

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