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Los pecados de Garzón

Los pecados de Garzón
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MADRID- Todo en él ha sido superlativo en sus más de veinte años como juez instructor en la Audiencia Nacional. Las investigaciones sonadas, la repercusión mediática de sus resoluciones, sus pioneros golpes judiciales a ETA y su entorno y, también, sus actuaciones más controvertidas. En su caso no había término medio. Acostumbrado a hacer equilibrios sobre el alambre, finalmente a Baltasar Garzón le ha costado colgar la toga su orden de grabar en prisión las conversaciones de los tres principales imputados del «caso Gürtel» con sus abogados. Pero, antes, el «juez estrella» por antonomasia ha estado en el disparadero unas cuantas veces desde que emergiera como personaje público aterrizando en helicóptero en el pazo del capo del narcotráfico gallego en 1990.

La «operación Nécora», retransmitida casi en directo, le consagró como el juez de jueces pero, a su vez, supuso su primer revés serio como instructor. Después de tres años de investigación y ocho meses de juicio, 17 de los acusados fueron absueltos. El capo gallego de la droga, Laureano Oubiña, sería finalmente condenado por delito fiscal, pero no por narcotráfico. Garzón sufrió su primer tropiezo con las intervenciones telefónicas, que fueron cuestionadas por el tribunal.

Tras su atribulado paso por la política en las filas socialistas, y frustradas sus aspiraciones de convertirse en ministro, Garzón da un portazo al PSOE y regresa a la Audiencia Nacional en mayo de 1994. Lo primero que hace es reabrir la investigación por el secuestro de Segundo Marey, una polémica instrucción porque suponía poner contra las cuerdas a dos de sus compañeros de singladura política, el ex ministro de Interior José Barrionuevo y su secretario de Estado de Seguridad Rafael Vera, que serían condenados a diez años de cárcel por autorizar el secuestro de Segundo Marey.
Las críticas de que se había aprovechado de su paso por Interior para su investigación y que había actuado movido por el resentimiento arreciaron con fuerza, pero el Tribunal Supremo rechazó que actuara por animadversión hacia Vera.

Por aquellos años sus decisivas actuaciones contra ETA y su entorno, que debilitaron notablemente a los terroristas, se veían jalonadas por decisiones que le hicieron adquirir fama internacional. Emprendió una cruzada para intentar detener al dictador Augusto Pinochet –aunque su extradición a España nunca fue autorizada– y comenzó a investigar los crímenes de la dictadura argentina (ese empeño culminaría con la condena del ex militar argentino Adolfo Scilingo por un delito de lesa humanidad). En Suramérica se convirtió en toda una celebridad.

Absoluciones masivas
Entre sus fiascos más sonados figura la investigación, durante diez años, a ocho directivos de Telecinco por fraude fiscal (entre ellos el ex presidente de la ONCE Miguel Durán). Por el camino intentó imputar sin éxito a Berlusconi. El resultado: todos los acusados fueron absueltos.

Dos de sus investigaciones contra el terrorismo islamista también tuvieron consecuencias dispares. A consecuencia de la «operación Dátil» 24 acusados se sentaron en el banquillo. Nueve resultaron absueltos y el Supremo desvinculó a la célula de los atentados del 11-S. Peor suerte corrió la «operación Nova». Sólo seis de los 30 procesados fueron finalmente condenados.

 

Otros jueces suspendidos o apartados de la carrera judicial
No es Baltasar Garzón el único juez inhabilitado por prevaricar, aunque sí que es uno de los más mediáticos. Así, por ejemplo, otro de los casos más llamativos fue el de Javier Gómez de Liaño, condenado en 1999 a 15 años de inhabilitación por prevaricación en el «caso Sogecable». A algunos años más, 18, fue condenado Justo Gómez Romero, por prevaricación, cohecho y exacciones irregulares. Además, se le impusieron dos años de prisión. Los casos más recientes han sido los de Fernando Ferrín Calamita, en 2009, inhabilitado por 10 años o el de Francisco Serrano, por 2 años. Y son éstos sólo unos ejemplos, pues según las memorias del CGPJ, entre 2004 y 2008, un total de 27 jueces fueron suspendidos o apartados de la carrera judicial.