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La fiesta de graduación terminó en redada

Los alumnos de 2º de Bachillerato del  «Gustavo Adolfo Bécquer» de Algete exigen a la Sala Kías los 5.000 euros por el alquiler del local sin ventilación. El reclamo de «barra libre hasta las 5:00» reunió a unos 300 jóvenes, muchos menores, a los que la Policía descubrió bebiendo, sirviendo alcohol y fumando en el interior

  • La fiesta de graduación terminó en redada

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02 de junio de 2012. 03:03h

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2/6/2012

MADRID. Como tantos otros estudiantes en este final de curso, los alumnos de segundo de Bachillerato del Instituto Gustavo Adolfo Bécquer de Algete quisieron el pasado fin de semana celebrar por todo lo alto su graduación. Tras buscar por internet un local para su fiesta, finalmente lo encontraron en la Sala Kias, situada en el número 50 de la calle Canillas, en Prosperidad. El plan, en principio, prometía: barra libre hasta las cinco de la madrugada por 25 euros. Colgaron carteles en el instituto y en las redes sociales con fotografías de la sala, lo que fue animando cada vez a más gente.

Sin embargo, la noche en la que pretendían poner el broche de oro a su etapa de instituto pronto comenzó a torcerse. El pasado sábado, minutos después de entrar en el local, el calor comenzó a ser insoportable. Según Álvaro, uno de los chicos que fue a la fiesta, la Sala Kias «no tenía ningún sistema de ventilación ni ventanas». Tampoco en la planta superior se podía estar. El único lugar en el que el calor era algo más llevadero estaba en torno al único aire acondicionado del recinto, según relataron los chicos a La Razón y Onda Cero. A medida que avanzaba la madrugada y llegaba más gente, muchos estudiantes decidieron salir con su consumición a la calle. Pronto se elevó el tono de voz y los vecinos no dudaron en llamar a la Policía Municipal.

Cuando los agentes llegaron a la  calle Canillas, éstos pudieron comprobar que casi nada en la fiesta era legal. Lo más evidente fue que el aforo superaba con creces el permitido. Según una de las graduadas, habían logrado vender entradas a cerca de 200 personas, un número ya excesivo para las dimensiones de la sala. El recuento realizado por la Policía reveló la presencia de 287 menores. Comenzaron a solicitarles el DNI, lo que les permitió comprobar que al menos 52 de ellos eran menores. A esto se suma el hecho de que algunos de estos menores se encontraban, en ese momento, sirviendo ellos mismos las copas. Por si fuera poco, y también en contra de la Ley, en el interior de la sala decenas de personas estaban fumando, mientras que en el exterior, a lo largo de toda la calle Canillas, había menores consumiendo alcohol. La aglomeración de personas era tal que los policías tuvieron serias dificultades para poder realizar la inspección.

Además de los menores que se encontraban sirviendo copas, los agentes de la Unidad Integral del Distrito de Chamartín también comprobaron que otro menor hacía las veces de «disc-jockey». Pese a que los agentes no encontraron a ningún representante del local en la fiesta de graduación, los jóvenes aseguran que sí había cinco o seis camareros de la propia sala, además de otras tres personas a cargo del ropero. 

Fin de fiesta
Cerca de las tres de la madrugada, la Policía decidió desalojar el local. Éste se fue vaciando con total tranquilidad por parte de los estudiantes del Gustavo Adolfo Bécquer, gracias también en parte a las indicaciones de la Policía por megafonía. La fiesta había terminado. «No quedó otra que irnos a casa, aunque el autobús que debía llevarnos de vuelta a Algete, en principio, no venía a por nosotros hasta las cinco», asegura Álvaro.

Tras el desalojo, la Policía finalizó su intervención con la elaboración de la pertinente Acta de Inspección con la que informar de todas las infracciones cometidas por parte del responsable de la sala. La principal, el exceso de aforo, está catalogada como falta muy grave por la Ley de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas.

Pese a que ya ha transcurrido una semana de los hechos, la indignación de los jóvenes todavía ayer era grande: «Nos sentimos estafados». Según los cálculos de los chavales, el empresario les cobró «en torno a los 5.000 euros por las casi 200 entradas que consiguieron vender», subraya Álvaro. Los padres de los jóvenes, que eran conocedores de que sus hijos habían alquilado un local en la capital, también están indignados con el dueño. Esperan, además de que los responsables de semejante caos sean sancionados, que sus hijos puedan recuperar la fianza y parte del dinero de la fiesta.

 

LOS VECINOS DE CANILLAS, «EN GUERRA»
Los vecinos de Canillas no sólo soportan a la Sala Kias, sino también otro local que está pegado, el Black&Orange.
Las quejas sobre ellos no cesan y ya se han interpuesto muchas denuncias. Una vecina confirma que los problemas son contínuos: «Hace diez días muchos de los jóvenes que se encontraban en el bar salían y armaban jaleo fuera. Pero no es una excepción. Siempre están en la calle bebiendo e incluso algunos fumando droga». Las molestias han llegado hasta tal punto que, en uno de los bloques afectados, se celebró una junta en la que se trató el tema. «Yo no sé cuántas denuncias se han hecho, pero deben de ser bastantes. Se suele escuchar cómo abren y cierran la verja para dejar entrar a más gente cuando debería estar cerrado», se queja otro propietario.

 

EN PRIMERA PERSONA
LOS MENORES HABLAN
«Todo fue un caos»

La fiesta de graduación congregó a más chicos de los esperados, pero lo peor, para los jovenes de Algete que celebraron en la Sala Kías el final de curso fue el calor insoportable: «El local no tenía condiciones para celebrar una fiesta. No había sistema de ventilación, ni extintores, ni salidas de emergencia», asegura Víctor. Un amigo suyo, Kevin, recuerda además cómo «en la planta de arriba se ahogaban». Además, este joven subraya que «el ropero era un zulo, en el que incluso había un perro entre la ropa».
El resultado fue para todos el mismo: «Todo fue un caos».
 

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