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Desde el escenario

Caer tan alto por Enrique Miguel RODRÍGUEZ

Tiempo de lectura 2 min.

20 de noviembre de 2012. 00:25h

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20/11/2012

El título es del siempre genial Alvite, lo ponía en boca de uno de sus personajes asiduos al Savoy. Se lo tomo prestado, porque le va como anillo –de fastuosos brillantes como los de la Baronesa– al dedo a Cádiz. Esta ciudad no es que ha pasado la historia por ella, es que le ha pasado la historia entera. El puerto más antiguo donde han atracado todas las civilizaciones, y claro está, muchos pueblos que tenían pendiente civilizarse. En tantos siglos, unas veces le ha tocado ser la estrella, otras actriz de carácter, y no pocas «partiquina», como llaman los argentinos a los personajes secundarios. En cualquier circunstancia, por mucho que los vientos la hayan azotado, ninguna ciudad ha caído tan alto.  Pero todas estas historias han dejado huellas profundas, que se asoman a la vuelta de cada esquina. Pasada la Cumbre Iberoamericana, que ha devuelto a Cádiz el protagonismo absoluto, quiero contarles lo fácil que es pasar un día maravilloso sólo con pasear por la milenaria Gades.
El jueves pasado tenía este periódico invitado al secretario de Estado de Comercio para dar una conferencia en el impresionante palacio de la Diputación, donde siempre se te puede aparecer Isabel II, o su amante el general Serrano. El general bonito, como a la ardiente reina gustaba llamarlo. Quise hacer el viaje como cuando era un niño, en tren. Utrera, Jerez, El Puerto de Santa María... ya saben, el que quiera de vinos saber, que se vaya del Puerto a Jerez. Puerto Real, San Fernando y por fin Cádiz, como dice la copla. Este recorrido es que tiene canela y azúcar. ¿Cómo me la maravillaría yo? Fácil, dejándote llevar sin prisas. Paradita en ese bar cerca del mercado, donde el cazón en adobo te devuelve a sabores casi olvidados. Es la vida que bulle en el antiguo mercado, felizmente restaurado. No todo lo que se restaura te da felicidad y callejear hasta el Faro, donde te aguardan las mejores tortillas de camarones que comerse puedan. Y rematar con café, puro y copa en la mismísima playa de la Caleta. Como decía el maestro Burgos, ya no sabes si estas en la Habana, Puerto Rico... y es que todas son hijas de la milenaria y joven Cádiz.
 

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