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Un sistema perfecto de hacer dinero

Donde nada se deja al azar

En Las Vegas, los informáticos de los casinos han creado una aplicación con la quese analiza desde la rapidez con la que reparte el crupier hasta lo que gasta cada cliente

  • Todo estudiado. Los casinos saben cuánto tiempo pasa cada cliente en una mesa
    Todo estudiado. Los casinos saben cuánto tiempo pasa cada cliente en una mesa
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de septiembre de 2012. 14:58h

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Madrid. 16/9/2012

Juan Espinosa era crupier en Madrid hasta que un día se fue a Las Vegas, a la Universidad del Juego, para seguir aprendiendo. Cuando llegó, creyó que había aterrizado en otro planeta. Los casinos no tenían nada que ver con lo que él había conocido. Allí todo está estudiado para lograr el máximo beneficio a través del máximo bienestar del cliente. Juan descubrió que los casinos de Las Vegas son, en realidad, grandes multinacionales donde el juego sólo es una pata más de un negocio con restaurantes, espectáculos y, como en el caso de Adelson, convenciones, con las que atraer a multitud de personas. Después, se quedan a jugar en los casinos y gastan su dinero.

La competencia entre las diferentes empresas es brutal y todos los casinos plantean agresivos planes de fidelidad y marketing. Tan importantes como los crupiers son, por tanto, los informáticos, que desarrollan aplicaciones propias con las que lograr el dibujo más detallado de sus clientes. A los grandes jugadores, los que van a apostar miles de dólares, se les regala una tarjeta de fidelidad, con la que van ganando puntos que luego dan derechos a una serie de regalos.

Estudio del cliente
Pero es que esa tarjeta, además, permite a la empresa tener un estudio detallado del cliente. Cada vez que va a jugar a una mesa, da la tarjeta al crupier, que la pasa para que el ordenador tome nota. También se añade la cantidad de dinero que ha jugado y el tiempo que ha estado en cada mesa. De ese modo, el casino analiza lo que juega cada persona, a qué horas se pasa por el casino, el tiempo que se sienta en cada mesa y qué juego le gusta más. Con los datos que mezcla el ordenador, la empresa realiza después un márketing personalizado.
Si la aplicación informática detecta que ese cliente lleva mucho tiempo sin aparecer por el casino, avisa y desde la empresa se le manda una tarjeta preguntándole si todo va bien y ofreciéndole alguna oferta interesante. Si el jugador es algún millonario, se va más allá: se les pone un avión a su disposición para que viajen al casino con todas las comodidades. Lo importante no es lo que cuesta el avión, sino lo que se va a dejar en las apuestas.

No sólo son los clientes los que están perfectamente identificados. La presión también se ejerce sobre los crupiers o «dealers», muchos de los cuales ganan un sueldo base bajo que complementan con las propinas. De su amabilidad depende su beneficio. Los supervisores de sala son los encargados de vigilar a los crupiers y de hacer los informes en los que se apunta, entre otras cosas, las manos que han dado en un tiempo determinado, el dinero que se ha ganado o perdido en su mesa, etc. Esto se introduce en el sistema informático y éste determina en qué mesa puede ser más útil (o sea, rentable) ese crupier.

Desde la colocación de las mesas hasta la luz que tiene que entrar, si es que tiene que llegar luz de fuera al casino, ha sido analizado antes; y a la vez, no hay reglas fijas que determinen cómo tienen que ser las cosas: los supervisores o el director del casino, que se pasea por él, deciden, según las circunstancias, si los crupiers tienen que repartir más rápido o, por el contrario, ser seguros. Si los que apuestan son jóvenes que gastan poco dinero, el crupier debe ser veloz, porque por un error suyo se pierde muy poco. En cambio al repartir con velocidad y hacer más manos puede conseguir más dinero.

Pero si en la mesa se está apostando fuerte, la seguridad (que el crupier no cometa fallos) es más importante que la rapidez.

También varía el mínimo en la apuesta de la mesa: cambia según la hora, según los clientes. Si son pocos, baja la apuesta mínima; si el casino está lleno, aumenta. Tampoco es el mismo en cada mesa: como no se quiere mezclar a los que apuestan sus miles y miles de dólares con los que sólo van a gastar cientos o menos, cada mesa tiene un límite.

Paradójicamente, en las casas de azar, nada se deja a la suerte. Juan Espinosa lo estudió en la Universidad: «Te enseñan a repartir, la psicología del trato al cliente, a estudiar el perfil del jugador. Por ejemplo, no tienes clase de Blackjack, sino clase de cómo supervisar el Blackjack. También se aprende a estructurar un casino: dónde tengo que poner una mesa o cómo conseguir atraer gente a ella. Aquí están todo el día surgiendo nuevas opciones. Esto nunca para», asegura.

 

Nexora lo ofrece en España
Con Eurovegas va a cambiar la concepción de los casinos, que tendrán que adaptarse. En España, la empresa Nexora ofrece su asesoría sobre cómo gestionar un casino para lograr el máximo beneficio con la estructura, el funcionamiento y la seguridad. En Las Vegas hay varias cámaras en cada mesa que vigilan a los clientes y los crupiers han aprendido a sospechar de movimientos extraños o a vigilar el pintalabios de las mujeres, que lo usan para marcar cartas.
 

 

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