Sálvese quien pueda

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¿Qué ha sido de Europa? ¿Qué fue de la Europa de Mitterrand, Chirac, Willy Brandt, Helmut Kohl, Felipe González y, hasta si me apuran, de Margaret Thatcher? ¿Qué ha quedado de todo aquello? Tal y como están las cosas, éstas no son sólo preguntas retóricas. Los líderes europeos del siglo XX construyeron una Europa de libro. Como mínimo, teníamos líderes. Los estados cedían su poder económico, migajas del político y menos que nada de fiscal o social. Las democracias se circunscribían a los estados, la europea era una mera entelequia. Se avanzó en un mercado económico que en tiempos de bonanza funcionó. Incluso fue capaz de superar situaciones complicadas en las diferentes crisis de finales de siglo. Europa era sólo un alambique de intereses que ahora se hace pedazos. Con la crisis, todos intentan evitar la hecatombe, pero la suya propia. Nadie mira por Europa. Sin los líderes de antaño, las deficiencias europeas se hacen patentes y la hacen añicos. Alemania trata de evitar la bancarrota de sus bancos. Durante años han hecho su agosto a costa de los países que necesitaban dinero para financiar su espectacular crecimiento. Alemania, ciertamente, ponía recursos en Europa pero se resarcía a buen precio. Francia no se quedaba a la zaga. Irlanda, Portugal y, cómo no, Grecia han sido los primeros en pagar los platos rotos. España hace horas extras para no seguir su senda. Italia mira de reojo intentando salir del atolladero. Todo se cae como un castillo de naipes. Un ejemplo: las fronteras vuelven a levantarse. No hay solución, al menos para Europa. Ahora, todos vuelven a aquello de sálvese quien pueda. Europa, ya no importa. No sirve a nadie. ¿Nadie la salvará?