El blindaje policial minimiza las caceroladas de los indignados

Barcelona- El 15–M siguió ayer empecinado en extender sus protestas, que en teoría tenían que terminar el martes, y volvieron a organizar una ruidosa cacerolada ante la sede central de La Caixa, en la avenida Diagonal. En total, no se congregaron más de 300 indignados, que, una vez más, celebraron otra asamblea para decidir si había pernoctación o no en el mismo sitio, aunque todo indicaba que no habría.

Por su parte, los Mossos d'Esquadra han identificado a 81 indignados hasta ahora, por las concentraciones ante la Caixa del miércoles y de ayer. El problema fue que en ambos casos las protestas superaron las 20 personas y no se comunicaron a las autoridades, lo que puede derivar en multas de 300 euros si se localizan a los promotores. En el caso de que se hubieran producido graves altercados, las sanciones ascenderían a 30.000 euros, según fuentes de la conselleria de Interior. Unos 50 indignados querían pernoctar el miércoles ante La Caixa, pero finalmente fueron desalojados por los Mossos, que durante toda la tarde montaron un espectacular despliegue en la zona, incluyendo un helicóptero. Dos miembros del 15–M se negaron a abandonar el lugar, por lo que se les abrió un expediente.

La cacerolada volvió a durar ayer casi todo el día, aunque con menos participación. El dispositivo policial fue el mismo, y al final casi habían más Mossos que indignados. En esta ocasión, no hubo ninguna molestia hacia conductores y peatones.