Muerte en el espacio

En la película «2001: Una Odisea en el Espacio» Stanley Kubrick nos hacía soñar con una civilización extraterrestre híper desarrollada que controla la evolución del ser humano mediante la inclusión de unos monolitos magnéticos en la Tierra, en la Luna y en Júpiter.

Los hermanos Kelly son cuñado y marido de la congresista

Estas estructuras se activaban a medida que el hombre era capaz de evolucionar científica y tecnológicamente y de entrar en contacto con ellas. Los extraterrestres entendían que una especie capaz de explorar el espacio había alcanzado el grado de civilización necesario para poder asumir el encuentro con seres alienígenas mucho más avanzados que ellos.

Los planos iniciales de la película se detienen en la perfecta serenidad de nuestro planeta captada desde la asombrosa maquinaria de la estación espacial. Este mirador privilegiado permite entender la relación entre la tecnología y el más alto grado de civilización humana conseguido pues supone, a la postre, la superación de las leyes gravitatorias y facilita una visión objetiva, general y científica de la Tierra. La distancia y la neutralidad que consigue el astronauta mediante el más alto conocimiento alcanzado por el hombre significan un paso más en nuestra condición terrenal y mundana, matérica y mortal. Sin embargo…

La violencia desde el espacio

Martes 10 de enero 2011. La expedición 26 de la NASA dirigida por comandante Scott Kelly lanza un mensaje espacial. «Miro a la venta y veo un planeta bello, aparentemente pacífico y encantador. Desafortunadamente no lo es. Estos días, estamos pensando constantemente en la violencia y el dolor que nos podemos inflingir unos a otros, no sólo con nuestros actos también con nuestras palabras irresponsables. Nosotros somos mejores que esto. Tenemos que hacerlo mejor». La voz del comandante entrecortada por las interferencias de la transmisión por radio invita a una especie de examen de conciencia colectivo tras la matanza perpetrada en Tucson, Arizona.El astronauta, desde su posición privilegiada en el espacio exterior, observa con estupor e incredulidad los recientes acontecimientos. El estado de tránsito del comandante Scott–hermano gemelo del marido de Gabrielle Giffords– en la Estación Espacial se relaciona virtualmente con el estado de ausencia de la congresista tras recibir un impacto de bala en el cerebro.

De un modo paradójico y complejo confluyen en esta realidad la más alta sofisticación humana representada por la tecnología espacial con la barbarie más absoluta de la violencia irracional. Mark Kelly, casado con Gabrielle Giffords, también es astronauta. El 19 de abril, Mark, de 46 años, debía dirigir la última expedición del programa shuttle tras 30 años en desarrollo y 135 lanzamientos. La misión Endeavour depende, a su vez, de la investigación del Premio Nobel Samuel Ting sobre el origen del Universo. Estaba llamado a subir otro peldaño en la escalera del progreso humano, pero, de pronto, la fatalidad le retiene en la Tierra y nos demuestra a todos que pese a los certeros avances todavía tenemos mucho camino por recorrer.


Furor por tener una pistola «Glock 19»
Una «Glock 19», fabricada en Austria, fue el arma utilizada por Jared Loughner el fatídico 8 de enero. Es un modelo semiautomático, manejable y ligero. Tiene capacidad para 15 balas pero cuenta, a su vez, con la posibilidad de aumentar el cargador hasta conseguir el doble de disparos. Eso es lo que permitió que el joven Loughner hiciera más de 30 tiros, matando a seis personas y dejando gravemente herida a Gabrielle Giffords. El 10 de enero, el estado de Arizona registró un aumento del 60% en las ventas de este modelo. Se comercializaron 263 pistolas frente a las 164 del año anterior. La razón. El temor de los norteamericanos a que la matanza provocara un endurecimiento de la legislación. Ocurrió lo mismo tras la masacre de Virginia. Hasta Gabrielle Giffords poseía una «Glock». Ironías.