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Los falsos mitos del nacionalismo catalanista

Dos historiadores analizan y desmontan las fabulaciones instauradas por los soberanistas a lo largo de los años, de la independencia de Cataluña a las supuestas guerras de secesión

  • Monumento a Rafael Casanova, el «héroe» que dormía durante el ataque de las tropas de Felipe V a Barcelona
    Monumento a Rafael Casanova, el «héroe» que dormía durante el ataque de las tropas de Felipe V a Barcelona

Tiempo de lectura 8 min.

27 de octubre de 2012. 23:38h

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28/10/2012

BARCELONA- El independentismo catalán, si quiere gozar de cierta credibilidad,  debe justificar su razón  de ser no sólo  atendiendo a motivaciones sentimentales sino también  argumentando un fundamento racional. Por ello, en el último siglo, numerosos han sido los intentos de políticos y simpatizantes del secesionanismo catalán de hallar una explicación histórica a la reivindicación de un estado catalán, que ha desembocado en interpretaciones románticas nacidas en el siglo XIX y que han cuajado en la sociedad a base de subliminarlas y repetirlas sin analizarlas en profundidad. Pero la historia es una y, aunque a menudo ésta se tergiverse mediante interpretaciones interesadas y partidistas, no admite más lecturas que la propia de los hechos históricos.

En este sentido, Cataluña nunca ha sido un estado. «Cataluña nunca fue una realidad política independiente», asegura Javier Barraycoa, vicerrector de la Universidad Abat Oliba CEU, profesor de la Universidad de Barcelona y autor de "Historias ocultadas del nacionalismo catalán"». «De ser parte del Reino Godo, quedó integrada en el imperio Carolingio, para pasar a pertenecer a la Corona de Aragón en el siglo XII».  Por su parte, Eduard Escartín, doctor en historia moderna y profesor de la Universidad de Barcelona, recuerda varias tentativas catalanas de proclamar un estado independiente que nunca llegaron a culminar. «En 1873, Baldomero Lostau intentó proclamar una República Catalana dentro de la República Federal Española y fracasó; Macià proclamó en 1931 la República Catalana, confusamente ligada a una unión de pueblos ibéricos, y duró un par de días,  y finalmente, en octubre de 1934, Companys proclamó otra efímera República dentro de una imaginaria República Federal Española que duró 10 horas».

La falsa secesión
Por lo tanto, actualmente no tiene sentido remontarse a la guerra de Sucesión, mal entendida por los independentistas como la guerra de Secesión, ni a la apócrifa corona Catalana o Catalano-Aragonesa, entre otros mitos históricos sobre los que se funda el independentismo catalán, para argumentar la legitimidad de un estado catalán. Así, Barraycoa denuncia la voluntad «del nacionalismo catalán de hacer creer que la guerra de sucesión fue una guerra de secesión. En realidad fue una guerra dinástica, civil e internacional a la vez. En aquel conflicto, ni la lengua ni la nacionalidad tuvieron la más mínima importancia».

Por ello, el caso de Escocia, donde en otoño de 2014 sus ciudadanos mayores de 16 años votarán para decidir sobre la independencia respecto al Reino Unido, no debe ser un referente para Cataluña, puesto que esta región sí fue un estado en algún momento de su historia y, de hecho, mantuvo su independencia hasta 1707. 

Escartín incluso va más allá al denunciar «el mito de los Países Catalanes que engloba a Cataluña –incluido el Rosellón y la franja de Aragón–, Valencia y Baleares». «Es una invención de Pujol y Max Cahner que se dedicaron a difundir este imperialismo de vía estrecha. La evolución política de Valencia y Baleares niega estas concomitancias», señala Escartín.

Convivencia lingüística
La cuestión de la lengua, uno de los principales aspectos culturales a los que se refieren los independentistas para argumentar las especificidades y singularidades de Cataluña, merece también un profundo debate histórico. Como señala Barraycoa, «desde el siglo XVI el castellano era una de las muchas lenguas que se hablaba con normalidad en Barcelona, junto al catalán o el italiano. Su expansión se fue realizando durante siglos de forma paulatina y aceptada por los catalanes que lo veían como una necesidad económica. En el siglo XIX muchos catalanistas se quejaban, no de la imposición del castellano, sino de la dejación de muchos catalanes de hablar catalán». «Cataluña es bilingüe desde la unión de Cataluña y Aragón en 1137», asegura por su parte Escartín, quien recuerda que «en la crónica de Pedro el Ceremonioso hay extensos párrafos escritos en castellano sin traducir y en el Renacimiento vemos como escritores y poetas que utilizaban el catalán se pasaban al castellano». 
Además, Barraycoa destaca que «el catalán que se ha impuesto» es producto de un artificio promovido por una serie de personas lideradas por Pompeyo Fabra  que «prefirieron "modenizar" el catalán y unificar todas sus variantes».

Este afán mitificador ha llevado al independentismo catalán a tergiversar, reinterpretar u  obviar un sinfín de hechos históricos de menor calado en su provecho, como serían la apropiación de la señera como la bandera catalana, o la conversión de los Mossos d'Esquadra y el himno dels Segadors  en  símbolo catalanista y la imposición de la sardana como baile nacional, pero también hechos tan trascendentales como la  creación de un falso enfrentamiento histórico entre catalanes y castellanos.

«El Compromiso de Caspe en 1412 demuestra lo contrario y la Guerra de la Independencia es otra prueba irrefutable de los lazos de unión de Cataluña con el resto de España», señala Escartín. «El intento de Napoleón de crear unos departamentos catalanes separados de España fracasó totalmente», recuerda el historiador, quien además destaca «la participación y actuación de los diputados catalanes en las Cortes de Cádiz y la redacción de la Constitución de 1812», «el apoyo económico que Cataluña prestó al ejército español para la defensa de la españolidad de cuba» o «las numerosas intervenciones catalanas en la guerra de África».

DE LA REALIDAD A LA LEYENDA

Cataluña fue independiente
Barraycoa: «Cataluña nunca fue una realidad política independiente. De ser parte del Reino Godo, quedó integrada en el imperio Carolingio, para pasar a pertenecer a la Corona de Aragón en el siglo XII», con el tratado de Corbeil. Pau Claris¸en 1640, proclamó a Cataluña como una República pero sólo duró una semana, pues la entregó al rey de Francia»
Escartín: «En febrero de 1873, Baldomero Lostau intentó  proclamar una República Catalana dentro de la República Federal Española que fracasó de un modo lamentable. Los dos últimos dislates fueron los del coronel Macià que proclamó en 14 abril de 1931 la República Catalana, confusamente ligada a una unión de pueblos ibéricos, y que duró un par de días.. Finalmente, el 6 de octubre de 1934, Companys proclamó otra efímera República dentro de una imaginaria República Federal Española que duró 10 horas».

La bandera cuatribarrada
Barraycoa: «La bandera de las cuatro barras tradicionalmente se había denominado "la señal Real de Aragón". Su origen primero reside en la Corona de Aragón y luego pasa al Principado. Hasta principios del siglo XVIII la bandera de la Diputación General fue la Cruz de Sant Jordi. En el siglo XIX, debido a las influencias del romanticismo, el catalanismo conservador monopolizó al  bandera catalana, mientras que los catalanistas de izquierdas ni siquiera la esgrimían»

Castilla invadió Cataluña en la Guerra de Secesión
Barraycoa: «El nacionalismo catalán quiere hacer creer que la guerra de sucesión fue una guerra de secesión. En realidad fue una guerra dinástica, civil e internacional a la vez. En aquel conflicto, ni la lengua ni la nacionalidad tuvieron la más mínima importancia. Dentro de Cataluña, hubo partidarios tanto del Archiduque Carlos como de Felipe V y en ambos bandos se tenía la conciencia de estar luchando por las libertades de España».

Sardana
Barraycoa: «Hasta finales del siglo XIX casi ningún catalán sabía lo que era una sardana, que se impuso gracias a los políticos catalanes, quienes presionaron para que este baile culminara todas las fiestas populares. Se luchó para conseguir extenderlo por toda Cataluña. Eran conscientes de que era un arma de propaganda ya que una "nación" necesitaba un baile nacional».

Países catalanes
Escartín: «Hay que denunciar el mito de los Países Catalanes que engloba a Cataluña –incluido el Rosellón y la franja de Aragón–, Valencia y Baleares. Esta es una invención de Pujol y de Max Cahner que en la Enciclopedia Catalana se dedicaron a difundir este imperialismo de vía estrecha. Por supuesto, que la evolución política de Valencia y de Baleares niegan estas concomitancias, aparte del sentimiento de las respectivas poblaciones. Sin ir más lejos, Valencia es una comunidad autónoma bilingüe desde su fundación, pues ciertas zonas de este antiguo reino –eso sí, minoritarias– fueron repobladas por aragoneses, lo que invalida las tesis del nacionalista valenciano Joan Fuster».

Los Mossos
Barraycoa: «Los Mozos de Escuadra  fueron un cuerpo de represión felipista contra las guerrillas austracistas. Durante más de dos siglos, se mantuvieron fieles a la monarquía borbónica y fueron suprimidos por el General Prim al derrocar a la dinastía isabelina. Catalanistas como Prat de la Riba no se fiaban de ellos por su exceso de españolismo».



 

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