Mourinho ya se ve con los dos pies en el Madrid

El entrenador del Inter de Milán, Jose Mourinho, confirmó nada más acabar la final que el encuentro de este sábado fue su último partido como entrenador de los 'neroazzurri', dejando caer claramente que su futuro pasa por el Real Madrid.

Mourinho se consagra con este nuevo título
Mourinho se consagra con este nuevo título

Con José Mourinho no existen las medias tintas. Se está con él o se está contra él. Es así de sencillo. Amor y odio en su máxima expresión unidos en el mismo personaje. Lo mejor es estar a su lado porque el entrenador luso como enemigo es de lo peor que se puede tener enfrente y si no que se lo pregunten al Barça. No tiene piedad y sabe controlar las situaciones más extremas como nadie. Mourinho es único, como técnico y como personaje.En la primera faceta habrá quien le discuta el estilo. Su forma de actuar o la manera en que hace jugar a sus equipos. Pero sus resul- tados son incontestables. Y contra eso no se puede hacer nada. Y por eso, entre otras razones, será la próxima temporada el entrenador del Real Madrid. El luso ganó ayer su segunda Liga de Campeones en los banquillos. La primera fue con el Oporto. Ahora es con el In- ter. Todo un hito en el mundo del fútbol. Tan sólo Ersnt Happel y Otmar Hitzfield habían logrado algo similar, pero su mérito es mayor. «Mou» es el entrenador más joven de la historia en conquistar dos Copas de Europa con dos equipos diferentes.En Inglaterra empezaron a considerarle «El Especial» muy pronto. Le idolatraban. Ahora, en Milán, ocurre exactamente lo mismo. Lo normal en cualquier gran partido es ver a aficionados con camisetas de sus jugadores preferidos. Ayer, en Madrid, la que más se veía era la que lucía el dorsal número uno. Y no, no era la de Toldo. Era la de «The Special One». Y desde la grada «nerazzurra», había un cántico que dominaba: «Joooosé Mourinho».La final le sirvió al portugués para empezar a familiarizarse con el que será su nuevo estadio la próxima temporada. En Madrid le esperan con los brazos abiertos, pero en Milán no quieren que se vaya. «Mou» vivió el partido con intensidad, como es su costumbre. Desde el primer minuto, de pie al borde del área técnica, con las manos en los bolsillos salvo cuando tocaba dar instrucciones. Traje oscuro, camisa azul y corbata «nerazzurra». Puro Mourinho. El luso no celebró demasiado el primer gol y esperó unos segundos a salir del banquillo con toda la tranquilidad del mundo para dar alguna indicación.Cuando Milito sentenció, su figura sí emergió inconfundible. Con el rostro serio, sus dos dedos índices apuntando al cielo y un sentido abrazo con sus jugadores. Había hecho historia. Poco antes de que Howard Webb pitara el final, el técnico tuvo un detalle con su otrora mentor, Louis van Gaal, al que le fue a felicitar hasta su banquillo. Luego cogió a su hijo, se le saltaron algunas lágrimas y fue recibiendo las felicitaciones de todos sus jugadores a modo de despedida. 45 años después, el Inter vuelve a ser campeón de Eu- ropa.

Massimo Moratti ha honrado la memoria de su padre. Mou- rinho lo ha hecho posible. Lo que parece imposible es que se cumpla el deseo que rezaba en una pancarta interista: «Florentino déjanos a Mourinho».