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Rayos y truenos sobre Dylan

A sus 71 años, el músico norteamericano atisba su enésimo renacimiento con el oscuro "Tempest", su nuevo álbum

  • Bob Dylan
    Bob Dylan / Gtres
  • La tempestad, según Dylan. Carátula del nuevo disco
    La tempestad, según Dylan. Carátula del nuevo disco

Tiempo de lectura 4 min.

10 de septiembre de 2012. 17:55h

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10/9/2012

"Cómo logré volver a casa, nadie lo sabe / O cómo he sobrevivido a tantos golpes / He estado en el infierno, ¿de qué ha servido? / Bastardo, ¿se supone que tengo que respetarte?". Así, con tanta furia, se despacha Bob Dylan en "Pay in blood", una violenta canción de su nuevo álbum, "Tempest", uno de los más oscuros y despiadados de su carrera, y ya saludado por la crítica como su nueva obra maestra.

A sus 71 años, Dylan vuelve a demostrar que no ha perdido su genio creativo. Lejos de la complacencia de obras recientes ("Modern times", "Together through life"), la mayor leyenda viva de la música americana sorprende con un trabajo muy alejado de cualquier afectación y conformismo. Más que eso, las 11 canciones del disco proponen un sorprendente viaje por cielo y abismos, con textos esforzados y música afilada.

"Deseaba hacer un disco religioso, pero no tenía suficientes canciones. Lo que quería hacer eran canciones intencionales y específicamente religiosas. Exige mucha más concentración hacer diez temas con el mismo hilo conductor que lo que realmente salió", declaró Dylan a "Rolling Stone". De acuerdo, no es un disco religioso. Al menos, no en el sentido convencional. Pero por el álbum sí aparecen conceptos presentes en las Escrituras, cosas como el apocalipsis, el maligno, la piedad, la venganza, el amor, la culpa y, sobre todo, la muerte.

Y eso que nada parecía anunciar que estuviéramos ante un viaje de una envergadura tan descomunal. Dylan siguió más o menos la misma rutina de sus anteriores trabajos. Primero, junto a su banda habitual en los estudios que tiene el también cantante Jackson Browne en Santa Monica. Produjo él mismo, como siempre desde hace más de una década. Luego fue completando las letras durante las sesiones. Finalmente Dylan entregó el master tras unos pocos días de grabación. Y lo primero que trascendió fue "Early roman kings", una canción no demasiado llamativa y cuya melodía recordaba exageradamente al "Mannish Boy" de Muddy Waters. Nada que no recordara a sus últimos trabajos.

Lo siguiente que se supo fue que Dylan había grabado un vídeo delirante de su primer "single", la divertida "Dunesque Whistle". Comparte letra junto a Robert Hunter, con quien trabajó en "Together through life", por lo que cabe pensar que fue un texto sobrante del anterior disco.

Y en perspectiva, "Dunesque whistle" acabó siendo en realidad otra involuntaria maniobra de despiste. Aunque estupenda para abrir el disco, la composición no define lo que viene después. Porque si esa apertura es luminosa, lo que viene después se sumerge en abismos de oscuridad. Primero, por la calidad de los textos, en los que Dylan vuelve a recuperar esa ambigüedad que tantos debates provoca entre sus seguidores más acérrimos, para desesperación del propio artista. Segundo, porque la música agrega intencionalidad. Y, finalmente, porque Dylan vuelve a cantar muy bien.

"Soon after midnight" podría definirse como una romántica balada si no es por versos como este: "No tengo prisa / No tengo miedo de tu furia / Me he enfrentado a muros más fuertes que los tuyos". Y más tarde aperece una de las canciones más celebradas del álbum, "Long and wasted years", que podría considerarse la hermana bastarda de "Not dark yet", de su memorable "Time out of mind" (1997). Aquí, Dylan se pone el lúgubre traje de predicador para frasear como sólo él sabe, mientras cuenta una historia de culpas no expiadas : "Creo que cuando me pusieron de espaldas / Todo el mundo detrás se incendió / Ha pasado bastante tiempo desde que caminamos por ese largo pasillo hacia el altar".

Y caminando llega Dylan hacia "Scarlet Town", la inquietante descripción de un lugar que bien podría ser parecido al infierno, donde "las calles tienen nombres que no pueden ser pronunciados". Otra joya del álbum que remite ligeramente a una canción como "Man in the long black coat", de su disco "Oh Mercy", con frases como "Si el amor es un pecado, entonces la belleza es un crimen".

"Tin Angel" es otra descripción del horror, una balada de muertes dentro de un triángulo amoroso fatal recuperando el estilo de canciones suyas de su primera época, hace 50 años. Algo como "Ballad of Hollis Brown".

Es la antesala de "Tempest", una canción de 14 minutos que se sitúa como la pieza capital del disco. Tomando prestada una vieja melodía irlandesa, Dylan narra el hundimiento del Titanic desde una perspectiva absolutamente original, fijándose en personajes particulares que le ayudan a exponer diferentes formas de afrontar la muerte. "Los que esperaban en tierra / Trataban de entender / Pero no hay entendimiento / Sobre el juicio de la mano de Dios", sentencia.

El álbum termina con una emotiva elegía dedicada a Lennon y titulada "Roll on John". Sobre una melodía fronteriza que bien podría haber figurado en su disco "Pat Garret & Billy The Kid", Dylan homenajea al Beatle asesinado tomando diferentes versos de canciones como "A day in the life", "Come together" o "Slow down". "Escuché hoy las noticias, oh chico / Arrastraron tu barco hacia la orilla / Ahora la ciudad se ha oscurecido y ya no hay más alegría / Arrancaron tu corazón y lo cortaron hasta la médula", declama.

Es el final de "Tempest", uno de esos discos por los que será recordado una de las últimas leyendas vivas de la música contemporánea. No es poco para un artista capaz de haber regalado obras tan capitales como "Blonde on blonde", "Blood on the tracks" o "Time out of mind". Ahora, avanzado el otoño de su vida, muestra su propia visión del diluvio y la celebración de un sonido puro, incorruptible. Las ruedas de Dylan siguen girando.


 

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