Internacional

Patriotismo y entrega

La Razón
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Los discursos pronunciados por Barack Obama, tanto en 2008 como ahora, tienen una estructura de encuadre muy similar: empiezan dando gracias y terminan con la invocación a Dios para que bendiga a los estadounidenses y al país. La grandeza de ambos discursos se refleja en el agradecimiento al contrincante republicano (a la familia y al equipo de campaña de éste), a quienes reconoce su patriotismo y entrega por el país. En este último discurso, dice: «Acabo de hablar con el gobernador Romney y lo felicité a él y a Paul Ryan por una campaña muy disputada. Hemos peleado de manera feroz, pero sólo porque amamos profundamente a este país y nos preocupa muchísimo su futuro» (elegancia que podrían copiar nuestros políticos).
En 2008, el concepto más utilizado por Obama fue «respuesta»: la noche electoral y los resultados eran la respuesta dada por un pueblo lleno de esperanza en el que sin distinción de raza, credo o etnia habían enseñado al mundo que «somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América». En aquella ocasión, además, el discurso se centró en explicar una campaña que no arrancaba con pronunciamientos favorables: «Nunca parecí el aspirante a este cargo con más posibilidades», por lo que la victoria no era de él, era de todos aquellos que habían creído en él: «Os pertenece a vosotros. Os pertenece a vosotros… Ésta es vuestra victoria».
El segundo concepto más reiterado, el adjetivo «nuevo», porque todo estaba por hacer. Su discurso lo finalizó con su lema de campaña: «Sí podemos» (pronunciado cinco veces). El de 2012 (con los paralelismos ya citados de agradecimientos), consciente de la importancia que otra vez ha tenido su equipo de campaña, lo vuelve a citar de manera muy elogiosa: «Gracias al mejor equipo de campaña y de voluntarios en la historia de la política. El mejor. El mejor de toda la historia». A partir de aquí, «futuro» y «Estados Unidos» serán las referencias más recurrentes de su discurso, aludiendo al sueño americano en el que cualquiera que llegue a este país y lo haga suyo triunfará sin lugar a dudas.
Parece que Obama ha escuchado a los electores (no sólo a sus votantes) e introduce un matiz diferente en esta ocasión: «Esta noche han votado para que actuemos, no para que hagamos la política habitual». Por ello, cita tres importantes retos: «Reformar nuestro código tributario. Arreglar nuestro sistema de inmigración. Librarnos del petróleo extranjero». Al ser ya el discurso de un segundo mandato, se permite la invocación a los grandes conceptos del ser humano: «La libertad, el amor, la generosidad, el deber y el patriotismo». No podía faltar la obligada referencia al desastre de la tormenta «Sandy», que asoló a una parte importante del país, y, como es habitual en este presidente, que no da puntada sin hilo, la referencia positiva a una de las grandes controversias vividas en estos pasados cuatro años: la reforma sanitaria, apoyada en una tierna historia de una niña con leucemia. Un presidente más humilde, pero, a su vez, más seguro de poder ofrecer un futuro a quien esté dispuesto a afrontarlo.