Quién dijo que no hay quinto malo

- Las Ventas. 2º de la Feria de San Isidro. Se lidiaron toros de la ganadería de José Luis Pereda y La Dehesilla, 2º y 3º de escaso juego y mansos. Casi lleno en los tendidos. - Leandro, de malva y oro, pinchazo, estocada, descabello (silencio); pinchazo, estocada, dos descabellos (silencio).- Morenito de Aranda, de rosa y oro, buena estocada (silencio); buena estocada (vuelta al ruedo). - Iván Fandiño, de caña y oro, estocada tendida (silencio); dos pinchazos, un descabello (saludos).- Parte médico de Morenito de Aranda: El torero sufrió una herida en región occipital izquierda, puntazo en el muslo izquierdo y contusiones y erosiones múltiples. Pronóstico leve. 

¿Quién dijo que no hay quinto malo?
¿Quién dijo que no hay quinto malo?

Primero, segundo, tercero y cuarto bien habrían podido pasar por la hoguera antes de salir al ruedo de Las Ventas. Una montaña de descaste, como despistados ahogaban una tarde que ésta sí era cien por cien con el sello de Madrid. Elevamos la complejidad del espectáculo. ¿Quién se atrevió a decir que no hay quinto malo? Tras la descarga de mansedumbre de todo lo que había pisado el ruedo vino el quinto a demostrar que también se puede ser manso y cabrón, con perdón. José Muñoz se desmonteró en el tercio de banderillas después de ver la cara del toro a milímetros del cuerpo. Por dos veces se debatió en ese terreno en el que o viene el drama o la ovación. Le había pasado justito por el pitón derecho. Listo Morenito de Aranda se armó para montarle la faena al toro por el zurdo. El animal, entre ese «voy y vengo», se tragó alguna tanda. Pronto cambió el color de la faena. Se plantó de nuevo al natural y al segundo pase el toro no le dio tiempo ni para echar un paso atrás. Lo levantó, derribó, volteó por la cabeza una vez en el suelo y sirvió el drama en estos comienzos de feria. Enrabietado buscaba Morenito el engaño, desmadejado su cuerpo, conmocionada su mente. Echó un pulsoAntes de mirarse, antes de buscar excusas, le echó el pulso al toro. Siguió por el izquierdo, por ese pitón por el que fue prendido, levantado, elevado con brusquedad, con violencia, con tino. A la gente se le despertó el corazón del susto y se puso de su parte, atentos a cómo se desarrollaba la faena. Las complicaciones del astado, lejos de ir a menos, buscaban cobijarse en el menor descuido. Por uno y otro lado compuso el de Aranda la faena de la disposición, de la entrega. Cogió la espada, algo sangraba por el cuello y no se le acababa de ver despejado. No importó. Hay momentos en los que no debe importar nada, eso dicen. Enfundó el estoque, preparó la suerte y entró a matar perfecto. Una estocada hizo rodar al toro sin puntilla y abría así el viejo debate. ¿Era faena para la oreja? El broche, sí, así las premiaban antes, no ahora. Encontró Morenito un volcán de arrestos para tirar la moneda al aire y quedarse quieto. Ésos fueron sus argumentos. Tapar lo que había quedado al descubierto. La vuelta al ruedo sustituyó a la petición de oreja. La corrida de José Luis Pereda y La Dehesilla resultó un tostón. Seis toros seis. Seis mansos seis que salieron al ruedo de la misma manera: al paso, frenados en la misma boca de toriles y con gesto de preguntarse (si es que los toros se preguntan) ¿qué hago yo aquí si crecí para manso? Ni una alegría al cuerpo nos llevamos. Sin ímpetu ni compásSi acaso las diez primeras arrancadas del que cerraba plaza. Lo brindó Fandiño al público y con motor cogió la muleta. Había faena, pensamos. Al minuto siguiente, el convencimiento formaba parte del pasado. Perdió ímpetu, también compás. Perdimos todos. Había caído tanto al vacío. Al tan esperado Leandro, le seguiremos esperando, no se le pudo ver. Imposible por parado el primero y un toro de altibajos el cuarto, por abajo se caía y por arriba derrotaba. Una suerte. La misma que corrió Morenito con el segundo, rajado desde las entrañas, e Iván Fandiño, con el tercero de la tarde, un toro que no tenía dos embestidas iguales. Se atracó de astado en la suerte suprema y salió trastabillado, rebotado y deshecha la taleguilla a la altura de la barriga. Y la imaginación voló a su último día en Madrid, el uno de mayo. El golpe seco al entrar a matar que se llevó retumbó de nuevo. Hay momentos que es mejor tirar del pasado.