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Billonario mecenas

Algunos piden un cambio de la filosofía de apoyo al arte en Europa mientras la Tefaf, la feria de arte más importante del mundo, constata la pérdida de fuerza del Viejo Continente frente a China. 

  • «Portrait of a Man with Arms Akimbo» (Retrato de un hombre con las manos en la cintura), de Rembrandt, que exhibe la galería Otto Naumann en la Tefaf, cuesta 47 millones de dólares (33,6 millones de euros), lo que le convierte en el más caro entre las 30.
    «Portrait of a Man with Arms Akimbo» (Retrato de un hombre con las manos en la cintura), de Rembrandt, que exhibe la galería Otto Naumann en la Tefaf, cuesta 47 millones de dólares (33,6 millones de euros), lo que le convierte en el más caro entre las 30.

Tiempo de lectura 5 min.

18 de marzo de 2011. 21:32h

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19/3/2011

Una galería con 18 Renoirs, otra que ven- de un Rembrandt de 47 millones de dólares, o el último cuadro que pintó el maestro Van Dyck, su autorretrato, que nadie puede descolgar del muro de la galería Otto Nauman por menos de 16. Para quien no conozca la Tefaf, aquí se puede jugar a contar pica-ssos y prepararse para superar los 80. Es la jornada inaugural, sólo para compradores vip, y 54.000 tulipanes ya adornan los pasillos de la feria (se irán renovando cada varios días para que estén frescos), aunque aquí no se llaman pasillos a secas, sino Madison Avenue o Park Avenue, y en ellos se abren ostras y se reparte champán. Son las 12 y en el aeropuerto de esta pequeña ciudad universitaria ya han aterrizado los jets privados. La estampa, aunque frívola, esconde un debate sobre el modelo de promoción cultural: ¿quién apoya al arte? ¿Cuál es el modelo de mecenazgo y de adquisición de patrimonio artístico y cultural?


¿Dieciocho renoirs juntos?
Veinte mirós colonizan un rincón de la galería Landau Fine Art de Canadá. El más caro vale cinco millones de dólares, pero algunos descansan apoyados sobre la moqueta. La lista de artistas es interminable. En este lugar hay cosas que no se preguntan. ¿De dónde han salido 18 renoirs juntos? «Tenemos amigos y conocidos que afortunadamente conocemos de hace tiempo y que los tenían en sus colecciones privadas», dicen en Hammer Galleries con una sonrisa. Tampoco merece la pena preguntar cómo ha llegado aquí una talla de Santa Catalina del siglo XVI procedente de Valladolid con la firma de Gregorio Fernández o ese Leccionario iluminado que un día se guardaba en el Monasterio de Guadalupe (Cáceres) y ahora vende una galería extranjera. «Como tantas cosas que desaparecieron de España y vuelven a aparecer sin saber  bien cómo. Pero creo que este manuscrito salió durante la desamortización de la Iglesia», dice Benito Navarrete, miembro del comité de la feria. Hay cosas que no se preguntan, porque aquí se pasa de la poética de la pincelada a los negocios con total normalidad. Adrie Van Griengen es historiador del arte y miembro del comité organizador de la feria. Cuenta las historias que hay detrás de los lienzos y todo le parece «una locura». La Bolsa, las noticias, «por eso ya no veo la televisión. Desde hace 8 años», suelta. Tampoco es extraño que, cuando se le pregunta por la crisis, pregunte: «¿Crisis, qué crisis?». En cambio, le parece normal que se vendan fuera de Holanda los cuadros de Rembrandt o el último autorretrato que pintó en su vida Van Dick. «En este país todo se compra o se vende», dice con aplomo. La crisis ha dejado tocado al mercado del arte en los países donde el Estado tiene un papel fundamental de comprador. Arco cerró una edición de recuperación de confianza hace un par de meses, pero los datos de ventas no fueron para descorchar el champán. Los coleccionistas privados van ganando peso en el mundo y el empuje de estos multimillonarios (cada vez más ricos, ocurra lo que ocurra en la economía) es responsable de la subida de las ventas. Principalmente chinos y americanos. Si en 2006 los compradores chinos representaban el 5% del mercado, en 2010 alcanzaron el 23 de un total de 49.000 millones de dólares.

Según Claire McAndrew, autora del informe «The global art market in 2010. Crisis y recuperación», el nuevo consumidor de artículos de lujo responde al perfil: «Hombre, joven y chino», y su sensibilidad, aunque tradicional, se interesa por la modernidad. «El mercado ha cambiado más en 6 años que en el último siglo», asegura, y alerta sobre la pérdida de competitividad de Europa y del impacto negativo de la aprobación de un nuevo impuesto que prevé la Unión Europea sobre las obras de artistas muertos en los 70 años anteriores. «Es un problema político en el que ni hay una posición común. Nos volveremos elegantes, pero decadentes», protestaba ayer en la feria Anthony Browne, experto en legislación sobre la materia. El modelo británico de promoción cultural es más flexible que el europeo porque favorece la entrada de patrocinadores privados, modelos de coproducción y contempla exenciones fiscales. Mientras en Europa todas las respuestas pasan por la subvención estatal directa o indirecta, en EE UU no existen, por ejemplo, museos públicos. El Moma  recibe una subvención del presupuesto de la ciudad de Nueva York, pero el resto de dinero procede de donaciones. Las leyes americanas permiten al comprador de una obra desgravarse casi todo su coste, y también hay fórmulas para pagar menos impuestos si se ceden las piezas para su exposición al público.

En España el sector está pendiente de la aprobación de una Ley de Mecenazgo que favorezca la inyección económica que dinamice el sector, aunque sus demandas se han centrado más en conseguir ayudas estables ahora que la crisis las ha recortado que en buscar nuevas vías de financiación. Pero parece que en el texto, que podría presentarse en junio, habrá pocas cosas que cambien el actual modelo.Así que quedan las preguntas en el aire: ¿debe el Estado seguir suplantando a los príncipes y reyes en su papel de mecenas? ¿Es la iniciativa privada suficientemente sensible? ¿Se le dan las facilidades necesarias?


 

El detalle
DESDE ESPAÑA
Hay piezas increíbles en Tefaf. Por ejemplo, el primer cuadro dedicado al Quijote, que se pintó por encargo, probablemente para el embajador español de París en 1630, apenas 25 años después de publicada la obra, lo que indica la rapidez del impacto de la misma en el extranjero y que marca el hito de un incipiente naturalismo.La pieza que exhibe la galería Whitfield Fine Art nunca se ha visto en España y está a la venta por 3,5 millones de euros.También está a la venta una «Visión de San Antonio de Padua» pintada por Alonso Cano y que fue vendida por el Museo de Los Ángeles, y un Goya de la primera época que busca comprador por 4,5 millones de euros. «El Apóstol Santiago y sus discípulos», propiedad de los anticuarios de Madrid Caylus, sólo puede ser adquirido por un comprador que lo mantenga en España debido a la inexportabilidad de la obra.

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