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Pingüinos por petróleo por Martín Prieto

Tiempo de lectura 4 min.

14 de abril de 2012. 03:01h

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14/4/2012

El que fuera matrimonio Kirchner forjó la juventud de su fortuna en la provincia austral de Santa Cruz, cuya costa está poblada de pingüineras y de allí su apelativo. Comenzaron de cero montando una empresa de «Cobrador del Frac», manías extorsivas que parece no haber olvidado la viuda y que le llevaron no sólo a la primera magistratura del país, sino a la más densa y enredada riqueza argentina y muy probablemente del Cono Sur americano. Sólo el mexicano Slim podría darle la espalda. Cristina Fernández es «la hija» del marido, que más que un pingüino era un yacaré político (caimán pequeño), y hasta lo que me alcanza K nunca hubiera puesto contra la pared a Repsol. Él no desmontó la fusión Repsol-YPF patrocinada por su antecesor Carlos Menem, aunque la verdad es que no tenía demasiado poder político gobernando con el 21% de los votos. Hizo lo que solía, obligar a Repsol a que le vendiera a su socio Eskenazi a precio tasado al 15% de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. La coima es la coima, como la mordida es la mordida. Su viuda ganó las últimas elecciones por mayoría absoluta, después de que toda la oposición (había 20 partidos) se multiplicara por cero.

Tal como Evita Perón en su despacho de la Casa Rosada, repartía dentaduras postizas usadas, dinero suelto a sus descamisados. Cristina F. desfondó el erario público en gastos sociales; hoy tiene las arcas vacías y una inflación del 20%, una de las más altas de Suramérica. Era inevitable que la presidenta saliera por el registro más genuino: populismo y nacionalismo exacerbado. El peronismo exulta ante la nacionalización incluso la expropiación de una gran empresa extranjera. Cuando Perón nacionalizó los ferrocarriles ingleses, abarrotaron la Plaza de Mayo. Lo que ocurrió después es que Argentina se quedó sin red ferroviaria. A 12.000 kilómetros de distancia podemos suponer que Argentina es un emporio petrolífero. No. Sus  expectativas son grandes en gas y petróleo, pero en Tucumán, Catamarca, La Rioja y en otras provincias del norte argentino, circulan con alcohol nafta, extraído de la pulpa de la caña de azúcar. Me parece rarísimo que Antonio Brufau vaya por el mundo evadiendo impuestos allí donde pincha una torre petrolera. Es muy extraño que Repsol no invierta lo suficiente allí donde los geólogos detectan petróleo, contribuyendo así a aumentar su negocio. YPF no pasaba de ser una mala gasolinera (lo sé por experiencia) y llegó Repsol; investigó, explotó, financió y exploró toda la red petrolera argentina a la que no querían acudir los chilenos y muchísimo menos las «grandes hermanas» norteamericanas que saben desde hace muchos años que los pingüinos no saben nada de petróleo, pero sí de recibir sardinas.

Cristina, tenida por inestable y de carácter incontrolable, no ha caído en cuenta que la injustísima inseguridad jurídica que se le plantea a REPSOL se ha instalado en todas las oficinas petroleras del mundo. Argentina carece de tecnología y financiación para explotar su crudo y acabará pidiendo socorro al agónico Hugo Chávez y solicitando asistencia solidaria al petróleo sucio de doble refino del Lago de Maracaibo. En estas monarquías, y el peronismo es monárquico por excelencia, siempre tienen un delfín: Máximo Kirchner, a quien su madre está preparando para la sucesión. Obeso, de 35 años, intentó la carrera de Derecho en cuatro universidades y sólo consiguió aprobar tres asignaturas a pesar de la presión de sus padres. Hoy es el «Monje Negro» de La Cámpora y amenazante de la riqueza de sus padres. La Cámpora es la mayor organización peronista montada por Kirchner padre y capaz de poner la calle en pie.

Repsol está en un entrevero; si la nacionalizan, ellos pondrán el precio, y si consiguen expropiarla nos vamos a quedar en calzoncillos. Sé que Brufau no lo hará: ¿pero se le ha ocurrido pagar lo que unos «chorros» esperan que les dé? Buenos Aires es un cambalache donde todo se compra y todo se vende. El buen peronista es una mutación de Robin de los Bosques, el arquero de Sherwood: roban a los ricos y a los pobres equitativamente y jamás reparten nada. En el Río de la Plata hace falta el Sheriff de Nottingham. Además, Argentina es un país culturalmente europeo, sin nada que ver con ese eje del nuevo socialismo iberoamericano, que pasa por Brasil, Ecuador, Bolivia, Venezuela, Cuba y Nicaragua, donde hasta Daniel Ortega ha procesado el catolicismo. Argentina es un crisol de razas, culturas y credos (eso sí, muy católicos) donde mandan los tanos y los gallegos, los italianos y los españoles. No hay la menor inquina contra los segundos. Sólo el afán por el dinero mal habido. Pero lo que quieren los pingüinos es robarnos la cartera.

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