ANÁLISIS: Puede haber esperanza por Manuel COMA

La Razón
La RazónLa Razón

- ¿Qué aporta el discurso de Asad?
Es un discurso estereotipado, de dictador implacable y poco imaginativo y quizás bastante desesperado. La consabida mano oculta del extranjero, las inconfesables intenciones de unos «vándalos y saboteadores» –exactamente 64.000, más «intelectuales blasfemos»–, el ingenuo engaño que sufren otros, cuya buena voluntad es llevar por el camino recto la oferta de reformas, aplazadas, eso sí, a la finalización del «sabotaje y el caos». Es el tercer discurso desde que las protestas empezaron a mediados de marzo, y da el paso de reconocer que son razonables, pero sus promesas de «diálogo nacional» no tienen nada de concreto.

- ¿A qué viene entonces el discurso? ¿Cree que puede engañar al exterior o amansar el interior?
Decididamente ni una cosa ni la otra, pero respecto al exterior, podría contentarse con proporcionar una coartada a los turcos para que no le sigan presionando. Hay indicios de que éstos lo están pidiendo «para evitar que otros invadan». Esto bastaría para justificar un discurso tan poco convincente. En cuanto al interior, puede que conciba algunas esperanzas de dividir a la oposición y ganar tiempo antes del mazazo final. Tal vez cree que una vez demostrada la inutilidad de sus palabras, adquiere un plus de legitimidad para incrementar la represión. Si es así, estamos a las puertas de una nueva fase todavía más brutal.

- ¿Qué hacemos?
Nadie piensa en la intervención porque es demasiado difícil y, especialmente, después de Libia. La actuación contra Gadafi podría implicar un compromiso para no intervenir en otros países más complicados. Además, Rusia ha hecho público su rotundo veto en el Consejo de Seguridad. Así que declaraciones más categóricas, sanciones más duras y proporcionar alguna ayuda a la oposición.


Manuel Coma
Presidente del GEES