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La otra matanza de Badajoz

Tres historiadores rebaten la leyenda, aportan cifras nuevas y desmontan la crónicas de los periodistas 
 

Tiempo de lectura 4 min.

10 de junio de 2010. 21:51h

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10/6/2010

El eco que sobrevive de aquel asalto es una historia negra. Habla de una plaza de toros con ametralladoras en los tendidos, soldados clavando banderillas a los prisioneros y mujeres con peineta contemplando la  macabra faena. Una escena que  alimentó la imaginación de una población sobrecogida por los horrores de la guerra. Francisco Pilo, Moisés Domínguez y Fernando de la Iglesia han abordado ese episodio  en  «La matanza de Badajoz»  (Libros Libres). Cuatro años de estudio y de recopilación crónicas  periodísticas. «Lo de la plaza de toros es un mito. No hubo miles de muertos. Se fusiló a  personas. Según hemos  comprobado, entre 50 y 60. En la plaza de San Juan murieron más, cerca de 80. La plaza de toros no fue usada para fusilamientos», dice De la Iglesia.


El estudio se  centra en el trabajo de los periodistas. «Entraron 22 corresponsales». El más conocido fue Jay Allen. Fue él quien el 30 de agosto escribió en el «Chicago Tribune» el artículo que cimentó la leyenda:   «Tras la primera noche, la sangre alcanzó un palmo de espesor en el lado más alejado de la plaza. No lo dudo. Allí se asesinó a 1.800 hombres (había mujeres también) en unas doce horas. Hay más sangre que lo que uno pueda pensar en 1.800 cuerpos». Ahora estos investigadores rebaten esa cifra. «Allen no entró en Badajoz el 14 de agosto», explica Pilo.  Y De la Iglesia aclara: «Escribió uno de los reportajes más importantes de la guerra, pero se lo inventó entero, porque  hemos demostrado que no estuvo allí. Redacta un artículo  lleno de matices exagerados porque dio por buenos los rumores que escuchaba de las personas que salían de la ciudad, pero no pudo confirmar nada. Cuando acceden a las calles, no ven pruebas que atestiguen el asesinato de miles de personas. Le preguntaron a Yagüe si se habían fusilado a 2.000 y él mismo, sorprendido, lo negó».


Sensacionalismo

¿Qué fundamentó la historia? Para De la Iglesia no hay duda: el trabajo de Jacques Berthes, Jay Allen y el artículo que escribió Indalecio Prieto «con tintes sensacionalistas» sobre lo que había ocurrido en la plaza de toros. «En la guerra fue tan importante la propaganda como los combates. Lo que los periodistas ven son las escenas de la desolación del asalto. Indalecio Prieto llamó "circo de sangre" a Badajoz para defender mejor Madrid, que iba a ser atacada. Badajoz fue la primera gran ciudad de la República que cayó. Eso era fundamental para la propaganda. Los enviados franceses  contribuyen a la leyenda al afirmar que el Frente Popular estaban matando a la gente en la calle», asegura Pilo.  De la Iglesia insiste en otro aspecto: «Hay una propaganda nacional y otra extranjera. La República usa este hecho a nivel internacional para romper el pacto de no intervención y así poder adquirir armas a otras potencias, porque con ese pacto vigente, no podía». Para Moisés Domínguez «la matanza de Badajoz fue utilizada como propaganda para contrarrestar los crímenes en el bando republicano. Se utilizó Badajoz en aquel momento y se sigue haciendo hoy en la política o con una bibliografía que es tendenciosa. En esos días hubo como mucho 500 o 600 muertos. Y hay que recordar que fueron unos combates durísimos. Los milicianos se enfrentaban a la Legión. A mí me gustaría que se abrieran las fosas del cementerio de Badajoz. Muchos se llevarían una sorpresa».

 

TÍTULO: «La matanza de Badajoz».
AUTOR: VV.AA
CUÁNTO: Libros Libres. 20 euros


 

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