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Las primarias de Zapatero

Tiempo de lectura 4 min.

09 de agosto de 2010. 21:56h

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9/8/2010

El PSOE lo tenía difícil en Madrid, tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento, pero la batalla por la candidatura entre Tomás Gómez y Trinidad Jiménez lo hace imposible. No importa quién sea el ganador de las primarias, porque saldrá debilitado. Es cierto que las urnas tendrán la última palabra, pero a priori se puede afirmar que la estrategia de la confrontación y división interna es la peor para ganar unas elecciones. Zapatero quería apartar a Gómez y esperaba que se plegara dócilmente ante su deseo, pero se ha encontrado con que el líder de los socialistas madrileños prefiere presentar batalla sin importarle las consecuencias personales. El problema es que ha dejado de ser un conflicto en clave autonómica para transformarse en un indicador sobre el liderazgo de Zapatero como secretario general del PSOE. Ahora son unas primarias que no se puede permitir el lujo de perder. Una victoria de Gómez sería tan incómoda como negativa para el presidente del Gobierno. Este pulso se produce en un momento en que las encuestas le son desfavorables y algunos líderes autonómicos socialistas temen que esta situación les perjudique en las elecciones de 2011. Por tanto, las primarias serán una confrontación entre la candidata de Zapatero, Trinidad Jiménez, y un «barón» díscolo que le echa un pulso, Tomás Gómez. El ganador se enfrentará a Esperanza Aguirre, que goza de una enorme popularidad entre los madrileños y  cuyas gestión es muy bien valorada. La dirección nacional del PSOE sólo tiene una encuesta, algo muy frágil para justificar esta batalla cainita, que augura un mejor resultado si se presenta Jiménez en lugar de Gómez. Pero no hay que olvidar que la actual ministra de Sanidad cosechó una contundente derrota frente a Gallardón en las municipales de 2003. Su gestión al frente del Ministerio se ha caracterizado por una gran habilidad propagandística a la hora de proyectar su imagen. Es indudable que ha jugado con acierto a la proximidad con los medios de comunicación y derrochando simpatía al frente de un departamento que tiene muy pocas competencias, ya que hay que tener en cuenta que éstas están transferidas a las comunidades autónomas. Esta habilidad le permitió superar con éxito el fracaso en la gestión de la gripe A, donde se perdieron decenas de millones de euros en vacunas que no se necesitaron. Con la excusa de la alarma creada por la OMS, su prestigio quedó incólume. El mayor mérito que le reconocen todos, incluso sus críticos, es esa capacidad de comunicación que la ha convertido en la ministra más simpática del Gobierno. A esto hay que añadir su conocida fidelidad personal a Zapatero. Eso explica su disposición, en primer tiempo de saludo, a la hora de asumir una candidatura que, en el mejor de los casos, la conducirá a una derrota frente a Aguirre y, en el peor, ante Gómez. Por su parte, el líder de los socialistas madrileños tiene ahora una gran oportunidad para mejorar su imagen, ya que su pulso es con Zapatero y si lo gana saldrá reforzado. Le beneficia incluso si consigue ser el candidato frente a Aguirre, porque habrá conseguido una proyección que no tenía.

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