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El capote de San Isidro por Máximo GARCÍA PADRÓS

La Razón
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Parece que fue ayer cuando comencé junto al doctor Jiménez Guinea. Era el segundo ayudante, y mi padre, el primero. Al fallecer el titular, se corrió turno. Desde el año 1972 a 1985, permanecí así, acaparando más experiencia del que mejor y con más cariño puede aprender uno, su propio padre. Por enfermedad, se vio obligado a dejar el cargo de cirujano jefe y llegó mi momento. El de tomar el testigo de estos dos colosos y de Jacinto Segovia, primer cirujano jefe de Las Ventas, desde 1931. Más de cuatro décadas desde entonces. Ya ha llovido. Y hoy, otro San Isidro más.

Como todos los años, mi primer deseo va para el patrón. Que eche su capote unas cuantas veces más. Si no es mucho pedirle, cuantas sean necesarias. Un mes de toros por delante en una temporada de ochenta festejos en Las Ventas… Se antoja imposible que no haya percances de más o menos gravedad. Sin ir más lejos en un mes ya van dos novilleros heridos. Siempre ha habido años más livianos y otros más sangrientos. El del año pasado fue uno de ellos con el percance de Julio Aparicio. Cornada grave y aparatosa. Pero, el equipo trabajó conjuntado. Otro más que sumar a los Perera, Lancho, El Ruso, Iniesta… Lesiones que, te das cuenta que podía haber pasado algo más grave –el recuerdo de Campeño, malogrado banderillero de Joselito, siempre está ahí–, de no ser por esta familia que dirijo. Tres cirujanos, un traumatólogo, un especialista en medicina deportiva, dos anestesistas, un ATS y dos mozos de quirófano, a cada cual más imprescindible.

Nosotros vemos los toros desde un prisma distinto al del aficionado. Nunca sabes cuándo vendrá la cornada, ni cómo. Puede ser tan imprevisible como un toro que salta al callejón. Pero hay días con mayor probabilidad de cornadas, es evidente. Por ello, tratamos de anticiparnos.
En este sentido, la tecnología y sus avances nos ayudan mucho. El poder de la televisión es fundamental. Cámaras, repeticiones, superlentas… nos sirven para analizar la cornada, sus trayectorias, destrozos o el estado de las cervicales. Por eso, no me gusta ver las corridas en el callejón. Me da pavor. Lo reconozco. En la enfermería, estoy más tranquilo. Y con todo el cariño para mi querido doctor Vila –que ha dicho adiós esta temporada a la jefatura en La Maestranza–, no seguiré tras el burladero cuando me retire… Ramón, ha difundido y defendido la cirugía taurina como pocos por toda España. Es un ejemplo y, sin duda, no hay mejor forma de cerrar estas líneas que con mi homenaje. Gracias.


Máximo García Padrós
Cirujano Jefe de Las Ventas