Literatura

La difícil modernidad por Andrés SÁNCHEZ ROBAYNA

La Razón
La Razón FOTO: La Razón

Sólo una llamativa paradoja puede explicar el hecho de que leyera por primera vez la poesía de Nicanor Parra en una edición inglesa. El caso es sorprendente. Aún conservo el volumen: «Poems & Antipoems», Londres, Jonathan Cape, 1968. Debemos recordar que en esa fecha no existía aún en España ninguna edición del poeta chileno, y que únicamente en 1972 se publicó en Barcelona su antología «Antipoemas». Tenía yo entonces tan sólo una vaga noticia de Nicanor Parra y de su obra, aureolada ésta del más puro espíritu vanguardista. Y es ese espíritu lo que nos hace entender el desinterés en nuestro país –un desinterés que ha durado hasta hace poco– hacia una obra que contaba con una resonancia internacional considerable des-de los sesenta. La vaga noticia que tenía entonces de esta poesía se convirtió, a partir de «Poems & Antipoems», en una convicción: la de que Parra es una de las voces que mejor ha heredado la difícil empresa de la modernidad. Poesía como búsqueda, como indagación, como «investigación», para decirlo con J. V. Foix. En el caso de Parra, un bucear en el habla cotidiana, en el humor, en la sorpresa, en la crítica de todas las convenciones, incluidas las convenciones de la poesía. Poesía crítica. Antipoesía. No es extraño que la obra de Parra conociera pronto una merecida difusión más allá de los límites de la lengua española. La edición de la que hablo tenía los siguientes traductores: Lawrence Ferlinghetti, Allen Ginsberg, James Laughlin, Denise Levertov, Thomas Merton, W. S. Merwin, Miller Williams y William Carlos Williams. No deja de ser significativo el hecho de que tampoco estos poetas fueran entonces muy conocidos en España. Podemos inferir que Laughlin y Levertov, Merwin y W. C. Williams, veían en la escritura de Parra una personal interpretación de la aventura que representa la modernidad poética, especialmente en el plano de la lengua común y las posibilidades del humor, la ironía y la parodia (sin olvidar la sátira): una crítica frontal de las palabras y de su papel en el intercambio social. La escritura tiende aquí con naturalidad al epigrama. En su trayectoria, el autor de «Artefactos» no ha dejado de recurrir al grafismo y aun al collage. Y tampoco conviene olvidar sus traducciones de poesía rusa contemporánea, de Blok a Voznesenski. Una obra cuya significación está fuera de toda duda desde hace años y no sólo (como suele ocurrir con los autores hispanos) en nuestra lengua. De ahí que la concesión del premio Cervantes, otorgado más de una vez a obras poéticas de menos valor que la de Parra, tenga en este caso el sabor de lo tardío. Únicamente los dos volúmenes de su obra completa, editados no hace mucho por Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg, atenúan un poco ese sabor y hacen justicia a la significación de esta obra.

Andrés Sánchez Robayna
Poeta y ensayista