El niño no me come

La Razón
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Frase típica de muchas madres de épocas no tan lejanas (en los ochenta, cuando yo trabajaba en agencias de publicidad), esgrimida ante el tendero en busca de algo que alimentase y que el niño quisiese comer. Actualmente, adultos y niños deben ser reeducados en sus hábitos alimenticios. Necesitamos reaprender a comer: más puchero, menos comida preparada. Más ir andando al colegio. Menos estar sentado frente al ordenador. Más jugar. Menos ver la televisión. Más leer libros que alimenten el intelecto. Aparte de los hábitos nocivos que puedan tener, está la mala alimentación emocional. La comida como sustituto del amor es algo que puede aplicarse a los niños. Una cosa es alimentarse, y otra diferente atiborrarse para llenar un hueco emocional que sólo lo llenaría la atención, cariño, dedicación y guía que de niños necesitamos de nuestros padres, pues empezamos a vérnoslas con el maldito CdR (ClubdelRedil), peligroso para nuestra singularidad desde la infancia. En la escuela comienza el experimento, clasificándose a unos como «perdedores» y a otros como «merecedores» de halagos redileros. Ante semejante ataque, los críos se defienden como pueden: mejor cuando sus padres los arropan emocionalmente, y peor cuando éstos se ocupan de otros menesteres. Los niños necesitan amor. La nueva dieta infantil debe tener muchos besos, pocas chuches, y más bocata casero.