Italia pasa de la «dolce vita» a los planes de ajuste

S&P y Moody's disparan las dudas sobre la economía transalpina

Berlusconi ha sufrido dos graves reveses en las urnas en los últimos meses
Berlusconi ha sufrido dos graves reveses en las urnas en los últimos meses

ROMA- Hasta ahora, Italia había sido el único país de los calificados como países periféricos de la UE que se había librado de la ira de los mercados. Grecia, Irlanda y Portugal han probado ya la amargura de tener que ser rescatados, mientras que España, aunque parece no necesitar el auxilio exterior, sigue en el ojo del huracán. Sin embargo, la distancia de seguridad con la que los italianos miraban a estas cuatro naciones comienza a estrecharse por el estancamiento de su economía y la incapacidad del Gobierno que lidera Silvio Berlusconi para mantener una estabilidad política mínima.
En las últimas semanas han llegado dos advertencias que auguran tiempos difíciles para Italia. Los heraldos, como ha ocurrido con los otros periféricos, han sido las agencias de calificación de riesgos. Primero Standard & Poor's (S&P) y luego Moody's han advertido de las dudas que despierta la economía del país.
Los principales problemas que esgrimen las agencias son los mismos de siempre: altísima deuda pública (120% del PIB, una de las mayores de Occidente), poca productividad, necesidad urgente de reformas y riesgo de contagio de los otros países periféricos. El peligro actual se debe a la combinación de estos factores con el difícil momento que está viviendo Silvio Berlusconi.
«Aunque la gestión de la crisis se ha llevado bien, ahora el Gobierno está bloqueado. Tiene muchas dificultades para lograr el consenso necesario que permita la realización de las reformas estructurales importantes que necesita la nación para volver a crecer», explica Angelo Stefano Baglioni, profesor de economía en la Universidad Católica de Milán e impulsor de la página web de análisis lavoce.info. La poca estabilidad del Ejecutivo ha sido evidente en las dos últimas citas con las urnas. Tanto en las elecciones municipales celebradas en mayo como en el referéndum de hace dos semanas, los italianos han mostrado su descontento con Silvio Berlusconi.
En una huida hacia adelante que tiene como objetivo recuperar el apoyo popular perdido en los últimos meses, «Il Cavaliere» ha planteado una bajada de impuestos que genera muchas dudas entre los inversores. Según Moody's, las dos últimas derrotas en las urnas auguran que será difícil sacarla adelante. Además, la reforma fiscal, que contempla algunas medidas de ahorro del gasto público, puede hacer que disminuya la recaudación del Estado.
El profesor Baglioni considera que en los próximos meses la inestabilidad continuará, pues aunque caiga el Gobierno y se celebren elecciones generales, la alternativa, representada por los partidos de centro izquierda también tiene problemas internos que harán complicada la puesta en marcha de las reformas que necesita el país para mejorar su economía.
«Hay obstáculos para el crecimiento, como la lentitud de la Justicia o los problemas en la educación y en el mercado laboral, que ni Berlusconi ni la oposición parecen capaces de superar». Un punto de esperanza para el país puede venir con el crecimiento económico de naciones como Estados Unidos o Alemania, a las que las empresas italianas venden gran parte de sus exportaciones. «Este factor puede ayudar a muchas fábricas», apunta Baglioni.