«El extraño caso de Angélica»: El amor y el arte son inmortales

Dirección y guión: Manoel de Oliveira. Intérpretes: Pilar López de Ayala, Ricardo Trepâ y Filipe Vargas. Portugal/España/Francia/Brasil, 2010. Duración: 97 minutos. Drama.

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Entre el romanticismo decimonónico exacerbado y la conciencia de que el arte es capaz, como el amor, de pervivir más allá de la muerte camina la nueva película del centenario portugués, que en esta peculiar historia de fantasmas queridos sugiere a Isaac, un desenfocado fotógrafo judío, emprender un anómalo viaje después de retratar a la hija muerta de una acomodada familia católica. Poco sabemos del uno y de la otra, novia cadáver que falleció embarazada y cuyo viudo llora con dolor. Pero es entonces, en los prolegómenos de la obra, mientras el desdichado artista inmortaliza a la joven que yace sonriente y acaba completamente hechizado por ella, cuando alcanza las mayores cotas de lirismo y la película adquiere carne y alma, tan insólita como ensimismada. De ritmo parsimonioso (demasiado para según qué espectador; ahí están las tomas larguísimas de los cavadores, por ejemplo), «El extraño caso de Angélica» parece incluso algo artificiosa y transcurrir en decorados teatrales donde los personajes secundarios, viejos eruditos invitados a desayunar, hablan de la antimateria. Entretanto, Isaac bebe café y, poco a poco, comienza a desconectarse de este mundo hasta dirigir sus pasos hacia uno de los finales más delicados y espirituales que hemos visto en mucho tiempo. Qué alegría: Oliveira sigue vivo.