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La escritora recrea el final de la infancia en «La sal de la vida»

Anna Gavalda: «No tengo ningún mensaje trascendente que hacer llegar»

  • Anna Gavalda
    Anna Gavalda

Tiempo de lectura 2 min.

02 de junio de 2010. 21:13h

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2/6/2010

«La sal de la vida» (Seix Barral), la última entrega de Anna Gavalda, gira en torno al último día de infancia robado a la vida adulta de cuatro hermanos. Con veinte millones de ejemplares vendidos,  es la escritora francesa contemporánea con más éxito.


-¿Cómo nace este libro?
-En 2001 me sentía vacía y decidí concederme el placer de una pequeña escapada. Un tierno y ruidoso día en compañía de hermanos que se despiden de su infancia. Con la risa floja, soltando groserías, mala fe, hierba, mosquitos, botellas frías de Sancerre y buena música...


-Vuelve a aflorar el tema de la familia como vehículo para reconciliarse con uno mismo.
-La familia es importante. Tanto la que se tiene como la que se elige, pero es imposible reconciliarse con uno mismo si no se está en paz con los tuyos. Es necesario hacer las paces con nuestra infancia, o de lo contrario la madurez puede resistírsenos.


-Santa Teresa de Jesús decía: «Si me falta el amor, no soy nada».
-Ella resume a la perfección el pensamiento íntimo que debiera gobernar la vida de cada uno de nosotros. La única diferencia es que unos llegan a asumirlo íntimamente y otros siguen dando bandados por la vida.


-¿En qué consiste el adjetivo «gavaldiano»?
-Si en mis páginas se detecta el miedo, el amor, el abandono... es que he conseguido convertirme en una escritora.


-¿Cómo logra que sus novelas sean pequeñas piezas de orfebrería sentimental y al tiempo tengan un pozo existencialista?
-Me encantaría responderle que me brota de un modo natural, pero lo cierto es que trabajo mucho y muy duramente para llegar a ese equilibrio entre la poesía de los sentimientos y la crudeza de la vida cotidiana. ¿No es eso la existencia?


-Es una buena observadora de la sociedad que le ha tocado vivir...
-Jane Austen, bajo pretexto de escribir historias de amor, hizo más por las mujeres de la sociedad inglesa de su época que todas las conferencias doctas que vinieron después. Creo en la fuerza de las historias. De las historias simples, escritas para divertir a la gente, por autoras que aman lo que hacen, y a sus personajes. Ése es el arma más letal. Además, no tengo ningún mensaje trascendente que hacer llegar. O dicho de otra forma, mi único mensaje es mi sensibilidad.


-¿A qué lecturas no renuncia?
-A Maupassant. Siempre es una referencia. Sencillo, eficaz, inteligente, perfecto. Pero todas las lecturas me hacen bien. Desde los prospectos publicitarios hasta las relecturas de Oscar Wilde.
 

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