Welby el primado anglicano «progre»

El arzobispo de Westminster se estrenó ayer apoyando a las mujeres obispo

Justin Welby hace sólo un año que es obispo

Londres- Hace poco más de 12 meses, cuando se convirtió en obispo de Durham, la cuarta autoridad en la jerarquía anglicana, alguien le preguntó a Justin Welby cuál era su equipo de fútbol. «Pasé cinco años trabajando en la resolución de conflictos, aprendiendo a estar en el medio de una guerra civil e intentado no recibir ningún disparo. Así que si no le importa no voy a responder», contestó. Su habilidad como mediador, sin duda, será una de las claves para la nueva etapa que comenzó ayer como arzobispo de Canterbury. Así, por ejemplo, Welby explicó ayer en rueda de prensa que aunque se opone al matrimonio homosexual, condena la homofobia, de la que dijo que no debe ser aceptada en la Iglesia. Se distancia del pequeño sector conservador del anglicanismo inglés al apoyar la ordenación de mujeres obispo. «Votaré a favor y uniré mi voz a las de muchos otros que lo pedirán», aseguró. Y admite que acogió con un «¡Oh, no!» la llamada del primer ministro para comunicarle que había sido elegido.

El máximo responsable de la Comunión Anglicana, después de la reina Isabel II, es relativamente nuevo en el oficio eclesiástico.En la década de los 80 nadie habría dicho que Welby, de 56 años, se convertiría siquiera en sacerdote. Se educó en el elitista colegio de Eton y trabajó como ejecutivo en una industria petrolera, con sueldos de hasta 100.000 dólares. También se formó como experto mediador en Nigeria y otros países africanos. Padre de seis hijos, negoció para salvar rehenes y no fueron pocas las ocasiones en las que le apuntaron con una pistola. Al menos tres veces temió por su vida.

Sus amigos le describen como un hombre con una asombrosa habilidad para entrar a una reunión, conseguir lo que quiere y no ganarse enemigos. En definitiva, un estratega talentoso, persuasivo, discreto, pero sin miedo. Las cualidades las aprendió en casa. Su madre fue secretaria de Winston Churchill, su tío fue Jefe del Estado Mayor del Aire, su padre presentó a John F. Kennedy a su primera amante. Sus padres se divorciaron cuando el obispo Welby tenía dos años. Su madre se casó con un compañero de trabajo, Lord Williams de Elvel, un ex líder de la oposición en la Cámara de los Lores. Nada en su entorno estaba vinculado a la Iglesia, pero una tragedia le llevó a buscar ayuda en la religión. En 1983, mientras trabajaba en París, perdió a su primera hija, Johanna, de siete meses, en un accidente de coche. «Fue un momento muy duro», dijo en una entrevista «pero de una manera extraña nos acercó a Dios». Fue ordenado sacerdote en 1992. Una década más tarde, se convirtió en canónigo de la catedral de Coventry. Cinco años después ya era deán de la catedral de Liverpool.
Una de sus primeras labores como Arzobispo será la de supervisar la consagración de mujeres-obispo en la Iglesia de Inglaterra, algo a lo que se oponen los anglicanos de África, Asia y el Caribe.

También se tendrá que pronunciar sobre los matrimonios homosexuales. Welby siempre ha defendido que la unión matrimonial debe ser entre hombre y mujer, pero no se opone a otros pactos de uniones civiles no matrimoniales.

Una confesión en horas bajas
Mientras que en España,con 46 millones, cada domingo 9 o 10 millones de personas van a la misa católica, en Inglaterra, con 51 millones de población, sólo 13,4 se declaran anglicanos y apenas 800.000 son practicantes. Hay más practicantes católicos en España que en el anglicanismo de Canadá, Australia, EE UU, Nueva Zelanda e Inglaterra juntos.

Tres de cada cuatro anglicanos viven en el tercer mundo. Son conservadores, pro vida, profamilia, cree en la Biblia y la moral tradicional. No entienden que los anglicanos de EE UU tengan obispos homosexuales, obispas lesbianas y acepten el aborto. Los obispos nigerianos se niegan a comulgar con los anglicanos «progresistas».

Se han hecho católicos 9 obispos anglicanos en los últimos 10 años, y en apenas dos años, más de cien clérigos anglicanos han decidido pasarse al catolicismo.