Córdoba

Infanticidio: matar a un hijo como venganza

La muerte de un menor a manos de su padre en Canarias muestra cómo se utiliza a los niños para dañar a la pareja

Infanticidio: matar a un hijo como venganza
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Madrid- «Asómate a la ventana para que veas lo que te mereces». Pocas frases pueden albergar tanto rencor, tanto odio, tanta sed de sangre. Eso fue lo que le dijo Francisco Javier B. C. a su ex mujer por teléfono el pasado lunes, justo después de asesinar de tres puñaladas a su hijo de 10 años, y poco antes de quemar su coche –acompañado del cadáver del pequeño–, estrellarlo en una rotonda y acabar también con su vida. El suceso de Santa Lucía de Tirajana (Gran Canaria) ha puesto una vez más de manifiesto que los más pequeños son el arma arrojadiza más terrible –y más indefensa– para dañar al cónyuge.

Como apunta el psiquiatra forense José Cabrera, un infanticidio de esta naturaleza cuenta con su propia denominación. Según la mitología griega, la sacerdotisa Medea, despechada tras ser abandonada por el héroe Jasón, mató a los dos hijos que tenían en común. Por eso, hablamos de el «síndrome de Medea». «Se trata de destruir, por odio al otro, aquello que se comparte: los hijos», dice Cabrera. Con todo, añade, «es más común que se dé entre las mujeres». El psiquiatra no descarta que, en el crimen de Gran Canaria, el agresor «creara en su cerebro ideas para autojustificarse, como pensar que el hijo no era de él, o algo similar». Hay que recordar que pesaba sobre él una orden de alejamiento dictada por el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de la localidad de Bartolomé de Tijarana. Con todo, finalizó en 2008.

También se ha apuntado la posibilidad de que hubiera recibido tratamiento psiquiátrico. «Quizá, a esta persona se le había diagnosticado un trastorno de personalidad. Y de los nueve que hay tipificados, sólo dos están ligados a conductas delictivas: el antisocial y el límite», asegura Juan José Arechederra, profesor de Psiquiatría Forense de la Universidad Camilo José Cela, si bien es verdad que «suelen manifestarse más a los 20 años». Así, una persona en este estado, «es más vulnerable a dejarse influenciar por acontecimientos vitales, como una separación», desarrollando así «un resentimiento, una tendencia a la venganza con reacciones impulsivas». Para Lluís Borrás, profesor de Medicina Legal de la Universidad de Barcelona, el caso de Gran Canaria «podría tratarse de una depresión mayor con síntomas psicóticos». O un brote psicótico, por el que, «de forma transitoria, se cruza la barrera de la locura, aunque luego vuelva a la normalidad».

En todo caso, la ostentación que hizo de su crimen el presunto asesino parece descartar que estemos ante un «suicidio ampliado», que es la causa más habitual de los infanticidios. «La persona entraría en un episodio depresivo profundo, con ideas delirantes de ruina, desgracia y persecución que se cernirían sobre él y los suyos», dice Arechederra. Por ello, «antes de que le suceda un supuesto mal, asesinaría a su hijo para evitarle un supuesto gran sufrimiento».

 

Los niños de Córdoba, ¿un castigo?
El caso de Ruth y José, los niños desaparecidos en Córdoba el pasado mes de octubre, es uno de los que mayor conmoción ha causado en España. Aunque aún no se ha producido el juicio, el juez instructor del caso y la Policía señalan al padre de los pequeños como el único acusado. Así, el auto apunta a que José Bretón «pasó noches en vela diseñando su plan para castigar a su ex mujer» por haber decidido separarse. Bretón, que lleva 9 meses en prisión, habría ideado incluso pistas falsas para despistar a la Policía.

 

OTROS CASOS SONADOS
El doble crimen de Santomera
El municipio murciano de Santomera quedará para siempre en el recuerdo trágico de nuestro país como el lugar en el que Francisca González Navarro estranguló hasta la muerte con el cable de un cargador de móvil a sus dos hijos de 6 y 4 años «para dar una lección a su marido». La infanticida, condenada a 40 años de cárcel, aprovechó en 2002 un viaje de su esposo, camionero de profesión, para vengarse de él por sus infidelidades. La mujer fingió un asalto en su vivienda y se mostró desolada en el entierro de los pequeños, pero fue detenida poco después por la Guardia Civil.

Una niña entregada a su asesino
Andrea, de tan sólo 7 años, murió a manos de su padre a causa de dos disparos en la cabeza en abril de 2003. A pesar de que la madre de la pequeña había denunciado a su ex marido hasta en 47 ocasiones por malos tratos, amenazas de muerte e incluso un intento de rapto de la hija de ambos, la Justicia permitió al padre un régimen de visitas abierto, sin la supervisión de los servicios sociales. Al poco tiempo, y tras varias visitas, Felipe Rascón mató a Andrea en su casa de Arroyomolinos (Madrid). «Te voy a hacer el mayor de los daños y te vas a acordar toda tu vida», le dijo a su ex mujer en el juzgado la mañana del asesinato. Tras el crimen, Rascón, al que habían diagnosticado un trastorno mental grave, se suicidó.

«Nunca más volverás a ver a tu hijo»
José Luis Deus mató en 2010 a su hijo de 14 meses para «causar el mayor daño posible» a su ex mujer. Tras una discusión, se llevó al bebé a un monte de Paderne (La Coruña), desde donde llamó por teléfono a la madre para avisarla de que se iba a suicidar y amenazarla con que nunca volvería a ver a su hijo. Sentado junto al pequeño en el asiento de atrás del coche (en la foto), donde había colocado una bombona de gas abierta, encendió un mechero y cumplió su amenaza; pero no se suicidó. Cuando el vehículo comenzó a arder, el asesino salió del mismo, dejando a su hijo en el interior, quemándose vivo.