El día en que la soberana inglesa se puso flamenca

Lleva en el trono desde hace 60 años y en este tiempo sólo ha realizado un viaje oficial a España. La reina Isabel II visitó nuestro país en octubre de 1988. Fueron cinco días de visita de Estado, en los que ni la soberana inglesa ni su marido, el duque de Edimburgo, tuvieron un solo minuto para descansar. Durante toda su estancia estuvieron acompañados por los Reyes, Don Juan Carlos y Doña Sofía.

Madrid, Sevilla y Barcelona
La visita oficial comenzó en la capital española, envuelta en el despliegue de seguridad habitual que rodea a la monarquía británica. Los Reyes ofrecieron una cena de gala en su honor en el Palacio Real y al día siguiente se celebró otra en el Pardo. Entre los invitados, había personalidades como la Duquesa de Alba junto a Jesús Aguirre y una joven Isabel Preysler acompañando a Miguel Boyer. También estaba presente el ex diplomático Inocencio Arias, que ha contado a este periódico su impresión sobre la soberana inglesa: «No me pareció una mujer fría, pero sí más tímida de lo normal. Su carácter contrastaba mucho con el de nuestro Rey, que es más abierto y natural. A pesar de su seriedad, es consciente del sentido y la importancia que tiene su cargo».

Isabel II no quiso marcharse de Madrid sin visitar el monasterio de El Escorial. Fray Gonzalo Díaz, prior de la comunidad en aquel momento, estuvo a su lado durante la visita. «Al principio se mostró muy reticente a entablar conversación, pero al cabo de un rato estuvo más comunicativa y amable. Cuando entró en la basílica mientras sonaban los cuatro órganos, se quedó parada y me dijo: "Padre, éste es un buen lugar para rezar"y yo le contesté que se había construido con esa intención. Es más afectuosa de lo que parece».

Para los turistas extranjeros, viajar a España y no ver un espectáculo de flamenco es inconcebible, y lo mismo debió pensar Isabel II. Por eso, durante su estancia en Sevilla, el ballet jerezano «Albarizuela» bailó ante ella en los Reales Alcázares de la capital hispalense. Nuria Figueroa, una de las bailarinas contó a LA RAZÓN que la soberana estuvo «muy fría, guardando su pose» y el duque de Edimburgo siempre estaba en «segundo plano». También les llamó la atención la seguridad que rodeaba todo, incluso miraron en nuestros camerinos. Para la ocasión prepararon una coreografía especial. «Teníamos entre 15 y 18 años e Isabel II nos saludó, pero nada más. Sin embargo, Don Juan Carlos y Doña Sofía nos felicitaron y estuvieron hablando con nosotros un rato, fueron muy amables con todos los que estabámos allí».