Unos altercados que Interior no evitó

Desde el día en que varias asociaciones laicistas solicitaron a la Delegación del Gobierno permiso para manifestarse en Sol en plena JMJ y contra la visita del Papa, la delegada previó lo que podía suceder y pudo evitar el resultado.

La delegada del Gobierno, Dolores Carrión
La delegada del Gobierno, Dolores Carrión

MADRID- La marcha «anti-Papa» cumplía con todos los requisitos legales para manifestarse; sin embargo, el recorrido escogido estaba «previamente ocupado con motivo de los actos de la JMJ», argumentó la propia delegada para denegar el permiso. Dolores Carrión basó su negativa en los informes de la Policía, del TSJM, la Abogacía del Estado y el Ayuntamiento de Madrid. «No es el momento ni el lugar, puesto que coincidirá con cientos de miles de personas que estarán festejando todo lo contrario», aseguró el Consistorio en su informe negativo.
El centro iba a estar plagado de jóvenes católicos venidos de todo el mundo, por eso Carrión emplazó a los «anti-Papa» a modificar el itinerario.
Tras obtener el apoyo, a título individual, de los «indignados» –que han estado tres meses acampados en Sol y manifestándose sin pedir ningún permiso–, los «anti-Papa» advirtieron a Interior de que el paso por Sol era «innegociable» y aseguraron que se manifestarían con la venia de la delegada o sin ella.
La advertencia causó un efecto inmediato. En sólo unos días, el subdelegado del Gobierno estaba recibiendo a los convocantes de la marcha para pactar el recorrido. En 24 horas, Interior cedió a las exigencias laicistas y pese a los informes en contra les dio permiso para manifestarse en «hora punta», en la víspera de la llegada del Papa a Madrid y en el centro de la ciudad.
El resultado se veía venir.