Lissavetzky y Tomás Gómez firman la paz por ahora

Fue este fin de semana, en la convención socialista de Sevilla, cuando desde la Dirección Federal del partido se impuso el acuerdo. Tomás Gómez y Jaime Lissavetzky acudieron a la reunión después de haber lavado todos los trapos sucios frente a la opinión pública.

El candidato socialista al Ayuntamiento de Madrid, Jaime Lissavetzky
El candidato socialista al Ayuntamiento de Madrid, Jaime Lissavetzky

El líder del PSM había impuesto al secretario de Estado el 70 por ciento de los nombres de su candidatura. Las espadas se ponían en alto. Lissavetzky exigió su «derecho» a elegir a su equipo y pidió un respaldo en Ferraz, donde de todos es conocida la amistad que le une con el vicepresidente, Alfredo Pérez-Rubalcaba. Gómez, por su parte, reivindicó los «poderes» para elaborar las listas electorales que le concede haber ganado las primarias. Se lo recordó a Lissavetzky en Madrid y lo repitió en Sevilla frente a todo el «aparato» a quién se atrevió a echar un órdago: «Que nos dejen en paz de una vez por todas», llegó a decir.

Y es que, con la herida de las primarias aún abierta, el acuerdo de ayer no es ni siquiera una tirita. El enfrentamiento entre Jiménnez/Lissavetzky contra Gómez dividió a un partido, que si antes estaba hecho «trizas»,, ahora lo conforman dos grandes bloques: el de los que están a favor de Gómez (52%) y el de en contra (48%). Ferraz les obligó a llegar a un pacto para que, este domingo, la aprobación de listas por parte del Comité Regional sea sólo un trámite «sin escándalos». Con el intercambio de cromos de ayer, ambos han cedido, pero en ambos han quedado cicatrices. En el caso del Ayuntamiento, la inferioridad numérica con la que «jugará» Lissavetzky le augura más que dificultades con su propio equipo. El secretario de Estado logró meter ayer a dos personas, pero las que salieron a cambio eran dos de las seis que él consideraba afines, frente a los 14 de Gómez. En la Asamblea, pese a que Gómez se ha rodeado de los suyos, un mal resultado –como el que le auguran las encuestas– hará que la historia socialista se repita y su salida sea sólo cuestión de tiempo. Además en esta guerra hay un tercer bando. El que forman aquellos a los que Gómez ha castigado sin ningún puesto en las listas por no apoyarle en las primarias y que Lissavetzky no ha podido o querido meter en su candidatura. El único rescatado de este grupo ha sido Óscar Iglesias, que entrará en la Asamblea.

Este viernes iban a reunirse en la sede de UGT para reivindicar «diálogo, unidad y consenso», pero la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE les pidió que no efectuaran la protesta. Mientras aseguraban que «se lo estaban pensando», Gómez y Lissavetzky pactaron enterrar el hacha. ¿Les valdrá a ellos el acuerdo o crearán otra familia, la de «los damnificados? Pronto se vera.