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Festividad de Todos los Santos

Halloween un negocio de miedo

Los locales de ocio facturan en una noche hasta 20 millones, mientras la venta de disfraces crece un 40%

  • Halloween, un negocio de miedo
    Halloween, un negocio de miedo

Tiempo de lectura 4 min.

01 de noviembre de 2012. 00:41h

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1/11/2012

MADRID-En la tarde de ayer hubo «barullo». La gente sólo se acuerda de Santa Bárbara cuando truena, y del disfraz de Halloween, cuando las calabazas comienzan a proliferar como setas. O lo compraban ayer, o se quedaban sin fiesta. «Que yo recuerde, la moda comenzó hace 15 años», dice Dorita Menkes, propietaria de la tienda Menkes, que desde 1950 lleva disfrazando a los madrileños. «Y cada vez va a más. Antes el punto álgido eran las fiestas de Carnaval, pero ahora se han sumado la fiesta de Halloween y los disfraces de Papá Noel en Navidad». Por ello, estima que las ventas se incrementan en días como ayer entre un 30% y un 40%. Ahora bien, es una noche el disfraz hay que lucirlo. Así, los locales de ocio tampoco son ajenos a la festividad. «No es arriesgado decir que, entre los 25.000 locales que hay en España, se ingresen durante esa noche entre 15 y 20 millones de euros», estima Vicente Pizcueta, portavoz de la asociación de empresarios Noche Madrid.

Disfraces «tóxicos»
Así es Halloween. Sólo había que abrir el buscador de Google –varias calabazas, un cuervo, un gato negro, todos dentro de una casa encantada–, para ser conscientes de que no era un día normal. El paisaje cambió por completo. No sólo por los «condes dráculas» y «novias cadáver» que paseaban ayer por las calles; las policías municipales de varias ciudades optaron por reforzar ayer sus dispositivos. Muchos tuvieron que tomar precauciones, y no sólo ante la posibilidad de excesos etílicos. Y es que, como denunció la asociación de usuarios Facua, hay «complementos» –máscaras, barbas, pelucas...– que implican riesgos de asfixia o incluso de quemaduras.

En definitiva, estamos ante una fiesta de consumo que también ha hecho negocio en nuestro país durante la noche del 31 de octubre, paso previo al 1 de noviembre, cuando la Iglesia homenajea a los difuntos durante la festividad de Todos los Santos. Quizá nuestras cifras palidecen en comparación con los más de 6.000 millones de euros que mueve esta «industria del miedo» sólo en EE UU. Pero, aparte de dejarnos los euros por el camino, ¿también asimilamos un folclore ajeno a nuestra cultura?

El fenómeno comenzó a gestarse en realidad a principios de la década de los noventa. «Importamos Halloween en el momento en que empezó a celebrarse en colegios bilingües de nuestro país. Y a partir de ahí, se ha trasladado al conjunto de la sociedad», opina Pablo López, doctor en Sociología. No en vano, algo similar ocurrió con Papá Noel en las fiestas navideñas, una costumbre adoptada también del mundo anglosajón «pese a nuestras costumbres religiosas». Y para los más pequeños es muy difícil resistirse: «Se disfrazan, hacen sus fiestas con caramelos...», añade.

¿Cuál ha sido el secreto del éxito de la calabaza? Para Antonio López, sociólogo y catedrático de Trabajo Social de la UNED, hay pocas dudas al respecto. «Las tradiciones relacionadas con los fallecidos en España están más vinculadas con nuestra nostalgia por los difuntos, nuestro recuerdo... De hecho, la experiencia de la muerte se oculta tradicionalmente. Mientras, una festividad como Halloween es justo lo contrario: es tomarse la muerte a chanza, a broma», explica.

Como un McDonalds
En el fondo, esta festividad no está muy alejada de otras «tradiciones» americanas como pueden ser los McDonalds. Aunque, en el caso de la celebración, si «se ha expandido durante los últimos 30 años, ha sido gracias a las películas, que han retratado su componente festivo», añade el catedrático. Y también hay que tener en cuenta, como apunta Pablo López, «que somos una cultura muy dada a imitar». ¿Conclusión? Que aquellos niños de finales de los ochenta y principios de los noventa han «crecido» con la fiesta y, son hoy adultos de 25 años, la siguen celebrando. «Y a lo mejor nunca han visitado un cementerio con sus padres, porque han tenido la suerte de que aún no han perdido a un ser querido», dice el catedrático de la UNED, 

Con todo, aún ni siquiera hemos rozado el punto al que han llegado en Estados Unidos. «En una ciudad como Nueva York, Halloween no se celebra durante todo el día: allí es todo el mes. En su máxima extensión: en las casas, los colegios...», dice Pablo López. Aún así, el sociólogo opina que, paso a paso, «nos vamos acercando a que aquí ocurra algo parecido».
Pero, ¿podríamos llegar aún más lejos? ¿Que incluso fiestas que ni siquiera se contemplan en nuestro calendario lleguen a celebrarse algún día en España? Un buen ejemplo lo tenemos en el Thanksgiving Day, conocido en castellano como Día de Acción de Gracias. Una festividad tan conocida en la forma como ignota en el fondo: durante la noche del cuarto jueves del mes de noviembre, la familia al completo se reúne en torno a un suculento pavo relleno y da las gracias a Dios por los dones recibidos.

«Llegará a España», vaticina Pablo López. «Nuestra cultura es muy dada a trasladar costumbres de otras», afirma. Más complicado es que sucediera al revés: que desde Estados Unidos se adopte una tradición ajena a su folclore. Prueba de ello son la multitud de colonias que viven en Norteamérica y que continúan celebrando sus fiestas tradicionales sin que calen en la población autóctona.

Mientras, el catedrático de la UNED  lo ve más complicado. «El Día de Acción de Gracias es muy específico de EE UU, está incorporado al calendario laboral... Es difícil que se expanda de la misma manera», apunta.
 

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