Roma

Pero sigue siendo el Rey

Es el monarca que más tiempo ha reinado en España desde Felipe V. Competitivo, campechano, amante de la velocidad y consciente de su responsabilidad

La Razón
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Juanito» llegó al mundo en Roma y hasta los 10 años no pisó suelo español. Años después en una entrevista a la periodista Selina Scott, el Rey le confesaría que su infancia no había sido fácil, obligado a viajar, sin arraigarse en ningún lugar y con apuros económicos. Ésa fue su infancia, ¿cómo influyó en su carácter?

Sus allegados afirman que su condición de rey es tan inseparable de su persona que incluso a sus ocho nietos –que le adoran– les impone su presencia. Le gustan los toros, la vela, la caza, el arte contemporáneo y el esquí. Es radioaficionado –su indicativo es EA0JC– y «le encantaba fumar habanos que le enviaba Fidel Castro, hasta que su operación de pulmón le obligó a dejarlo. Le gusta el whisky, es un coleccionista de relojes únicos. Su perro favorito fue un pastor alemán llamado ‘‘Archy''», enumera Pilar Eyre, quien se documentó para «La soledad de la reina» (La Esfera).

Uno de sus mejores amigos fue el fallecido marino vasco Ignacio Caro. Otro de sus íntimos es Antonio Eraso, con quien compartió los años de exilio en Estoril y le acompañó en los dolorosos momentos que siguieron a la muerte del Infante Don Alfonso. Tan afligido quedó que quiso ingresar en los Cartujos. Le disuadió su padre animándole a regresar a la Academia Militar de Zaragoza.

Otro amigo del alma es Miguel Primo de Rivera, con quien comparte su afición a los toros y a la caza (según Pilar Eyre: «La caza le gusta, realmente, desde que Franco le regaló la primera escopeta, con la que mató en el Pardo una liebre, a la que disecaron la cabeza»). Entre los amigos de la infancia se suman los compañeros del colegio Las Jarillas. De los años de formación en las tres academias militares conserva numerosos amigos. Entre los actuales están Juan Abelló, los Cortina o Samuel Flores y destaca en Marivent José Cusí, armador del «Bribón», con el que han competido. Ahora que no compite navega a bordo del «Somni» o del «Fortuna», que de algún modo deben recordarle a aquel primer barco, el «Sirimiri».

70 coches
El gusto por la velocidad le ha costado más de un buen susto. En 1990 viajaba junto a la Infanta Cristina en un Porsche 959 por el Pirineo Leridano cuando una placa de hielo les hizo salirse de la carretera. Las secuelas que el accidente dejó a Don Juan Carlos movieron al entonces jefe de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campos, a afirmar que «un Rey sólo debe volver así de las Cruzadas». Su pasión por las cuatro ruedas le ha llevado a tener al menos 70 coches, de los cuales, hace más de un año al menos se desprendió de uno: un Maseratti Quattroporte que vendió a su buen amigo Arturo Fernández por casi 100.000 euros.

Ricardo Parrotta cuenta en «Las mejores anécdotas del Rey» que al Príncipe, cuando tenía seis años, le preguntaron de qué equipo era. Respondió: «¡Del Atleti, como mi padre!». Lo que conoce todo el mundo es que disfruta del buen yantar. Si tuviera que conceder las estrellas Michelin, una se la daría a Casa Lucio. «No sé por qué no vengo más, porque me encanta», dijo don Juan Carlos en la última visita a El Landó, donde se derrite por los callos a la madrileña. En Jockey, el caviar y la lubina suelen ser sus platos fuertes y en Tras os Montes degusta el bacalao a la portuguesa, que le recuerda su infancia en Estoril, regado con un Oporto.

A toda velocidad
Vela
El «Bribón» ha sido su barco de competición durante casi toda su vida.

Amigos
Hizo amigos en el colegio y también en las academias militares donde terminó su formación.

Campechano
Es uno de los adjetivos que se repiten al hablar de Rey. Sus salidas humorísticas en los actos oficiales son habituales.

Caza
El último episodio lo ha puesto de actualidad, pero desde siempre ha sido un hombre interesado en la caza.