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Demasiadas guerras, sufrimiento, horror y sangre llevan los israelitas en su alma para no desear una paz final y duradera

Amado terrorismo

Tiempo de lectura 4 min.

29 de diciembre de 2008. 23:58h

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30/12/2008

Me considero un demócrata, y por ello admiro y quiero a Israel. La nación israelí resiste rodeada de enemigos. Muchos de esos enemigos alientan y financian el terrorismo. Hamas es una organización terrorista brutal y poderosa. Pero la Izquierda en España le ofrece su continuo amor y persistente protección. Israel ha actuado militarmente en Gaza porque previamente sufrió los ataques de Hamas, que es más ejército que banda. Pero en España sólo se protesta por los muertos palestinos. En toda guerra hay víctimas inocentes. También las hubo en el corazón de Europa, en Belgrado, cuando fue aplastada la antigua Yugoslavia por la OTAN. Pero aquellos niños muertos en las calles de Belgrado no hirieron la sensibilidad de los progres de Visa Platino, Visa Oro y Visa normal. Israel ha actuado en ocasiones con indescriptible dureza, siempre respondiendo a la indescriptible dureza que había padecido con anterioridad. El pueblo hebreo ha superado los mayores sufrimientos colectivos a lo largo de la Historia. Desde el éxodo al exterminio. Y los ha superado porque trabaja. Le dieron un trozo de desierto y ahora es un vergel. Ofrecieron a los palestinos un trozo similar de desierto, y no lo quisieron. Quieren el vergel trabajado por otros, sostenido por otros, y defendido por otros. Israel es una nación rica porque trabaja. Y las ayudas que pueda recibir del mundo occidental al que pertenece no son nada comparadas con los ríos de oro que perciben los grupos terroristas procedentes de las hipócritas potencias petrolíferas árabes. Israel, de no ser continua y severamente atacada, compartiría su paz con las naciones que rodean su territorio. Demasiadas guerras, sufrimiento, horror y sangre llevan los israelitas en su alma para no desear una paz final y duradera. Pero la Izquierda internacional odia a Israel, probablemente por ser la única nación democrática en un Medio Oriente anclado en el siglo XII. La imagen del niño palestino muerto nos hace llorar a todos. La del niño judío, sólo a unos cuantos. La del niño iraquí a todos. La del niño español y también vasco destrozado por la bomba etarra, se olvida pronto. Israel no sólo lucha y se defiende abiertamente, sino que sufre el terrorismo en sus ciudades. Vuelan los autobuses con hebreos y palestinos en su interior y apenas es una noticia. Muere una mujer palestina, y el horror de su muerto da la vuelta al mundo, y se organizan manifestaciones, y se llama «asesino» al pueblo más asesinado de la Historia de la Humanidad. Un pueblo que trabaja, vota, elige a sus representantes, respeta las libertades y sobrevive como un Estado de Derecho permanentemente agredido. Y responde, claro. La animadversión, el odio sistemático que la Izquierda siente por Israel, enlaza a los nuevos progres del mundo con el terror nazi, por no ir más lejos. Pero ese extraño y extravagante enlace no se denuncia ni se recuerda. La auténtica Izquierda, la pensante, la culta -tan escasa-, está del lado de la Democracia. En este periódico tenemos la suerte de contar con la inteligencia clara y afligida de un auténtico intelectual de la Izquierda. Gabriel Albiac. Él conoce como pocos las maniobras de los fétidos propagandistas de la Izquierda usurpadora. La de las moditas. La modita de hoy es recelar de Israel y amar apasionadamente a los palestinos. A todos, incluidos los terroristas. Amado terrorismo el de Hamas.

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