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Antonio Vega se dejó llevar

Firmó algunas de las mejores canciones del pop español en solitario y con Nacha Pop, conoció el éxito y consiguió el respeto de todos, pero también mantuvo una relación turbulenta con las drogas. Ayer murió a los 51 años

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    Antonio Vega se dejó llevar
Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

13 de mayo de 2009. 00:28h

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Madrid. 13/5/2009

Quemó su vida a una velocidad de vértigo. Por eso, para muchos, ésta ha sido la crónica de una muerte anunciada. En sus conciertos era frecuente ver la misma estampa: a alguien se le encogía el corazón, lanzaba un suspiro o murmuraba espantado, presa del asombro, por el deterioro físico del compositor de «Chica de ayer». Sus últimos años han sido una propina de la vida.

 

Antonio Vega mantenía desde los ochenta una tortuosa relación con las drogas, un hecho que con el tiempo había dejado de ser un secreto para convertirse en un componente más de su aura de cantante maldito. «El público le adoraba porque era un buen compositor, pero todos sabían que siempre andaba en la cuerda floja. Por eso, su fragilidad le hacía inmensamente querido», recordaba ayer un ejecutivo de una discográfica. «Ha vivido mucho tiempo de descuento», comenta la misma persona, «pero no lo ha malgastado. Ha publicado discos, a su ritmo, y no ha abandonado los escenarios. Se aferró a la música y a la vida a pesar de todos los golpes que se llevó».

 


Inesperado

 

Antonio Vega murió ayer por una neumonía a los 51 años. Había sido ingresado hacía una semana en el hospital Puerta de Hierro de Madrid. José Santos, de la oficina de managemet, contó a este periódico que había estado con él un par de días antes: «Se encontraba bien, con buen ánimo, pero el lunes le sedaron y ya no aguantó. Ninguno de nosotros  esperábamos que fuera tan rápido. Nos ha pillado fuera de juego». La próxima semana va a salir un libro, «¿Y si pongo una palabra?»,  con sus mejores letras, publicado por Demipage. Además, la discográfica Emi aprovechó para anunciar que el día 15 sacará un doble cd con lo mejor del artista.

 

Antonio Vega fue un compositor y cantante especial, magnético, con una habilidad casi única para tocar la fibra sensible del público en canciones con una fuerte pegada melódica y aliento poético, composiciones pobladas de metáforas e imágenes herméticas pero profundamente sugerentes.

 

Los que le trataron trabajando le recordaban ayer como un tipo elegante, cultivado y cariñoso: «Era un tío que se hacía querer, con mucha clase, podía llegar tarde, pero se subía al escenario y era un gran profesional», contó su mánager. En contra de su fama de chico quebradizo, José Santos dice que «siempre fue un hombre fuerte y duro».

 

Antonio se unió a la banda Uhu Helicopter, semilla de Nacha Pop, a finales de los setenta. Lideraba el grupo su primo Nacho García Vega y en él estaban tres amigos que habían pasado por el Liceo Francés. Desde el principio cada uno se hizo fuerte en su papel. El talento era cosa de Antonio. Nacho aportó la habilidad para mover al grupo y la visión de futuro, además de una estética musical  más heterogénea. Como recordó el mismo Antonio Vega en una entrevista con este periódico, «la mezcla de ambas personalidades y estilos propició la magia de Nacha Pop».

 

Pese a que las discográficas se lo rifaban, Nacha Pop no logró buenos resultados comerciales con sus primeros discos a principios de los ochenta. Ni siquiera cuando ficharon por Dro, la discográfica del rock alternativo español. Su imagen les alejó del núcleo duro de la «Movida». Tenían fama de blandos y sabían componer. Además, era un grupo endogámico y cerrado. «Desde el principio me pareció una banda muy solvente», explicó ayer Santiago Auserón a este periódico: «Recuerdo que Radio Futura aún no tenía habilidades musicales cuando ellos ya sonaban como una banda extranjera». En 1986, con el lanzamiento de «Dibujos animados», Nacha Pop empezó a saborear el éxito, apoyados en clásicos como «Grité una noche». Ñete, el batería, abandonó el grupo, que se quedó como trío. En 1988, después de un baño de multitudes en México DF, regresaron a España y en poco tiempo prepararon su despedida, un concierto en la madrileña sala Jácara titulado «80/88». Se rompieron justo en el momento de mayor penetración comercial, puede que por las habituales tensiones internas de los grupos sobre el rumbo musical a seguir o quizá porque Antonio, ya enganchado a la droga, no podía seguir la disciplina del grupo. Ellos optaron por decir que se tomaban un respiro. Hasta que en 1991 debutó en solitario con «No me iré mañana», al que siguió un año después «El sitio de mi recreo», nuevas demostraciones de la facilidad que siempre tuvo para conectar emocionalmente con su público.

 


El trago más duro

 

Las nuevas hornadas del pop español vieron en él un referente, desde Jarabe de Palo hasta Ketama, y en 1993 le montaron un disco homenaje con cierto  tono fúnebre, «Ese chico triste y solitario», al que Vega optó por no acercarse demasiado. Siguió sacando discos, como  «Anatomía de una ola» (1998) y «De un lugar pedido» (2001), pero para entonces ya había dejado de estar en la primera línea mediatica. El trago más duro vino con la muerte de Margarita del Río, su compañera, en 2004, del que saldría el disco «3.000 noches con Marga». De aquel golpe no se recuperó. A pesar de todo, siguió desafiando a las leyes de la naturaleza. Componía y actuaba, con cuenta gotas, eso sí. Hasta que el revival ochentero le enchufó de nuevo con el gran público.

 

Su primo y él resucitaron Nacha Pop en 2007 con una gira por España. «Había planes para hacer proyectos con el grupo, pero nada concretado», dijo ayer su mánager. Antonio tenía canciones nuevas y en las últimas semanas había estado tocando en varias ciudades. Esta vez, el tiempo no quiso concederle una nueva prórroga.

REACCIONES: «No había quien le cambiara»
Los músicos volcaron ayer su admiración y afectos hacia Antonio Vega. Álvaro Urquijo dijo que fue «un gran compositor, irrepetible como artista» y como persona «un hombre al que había que dejar vivir como quería. No había quien cambiara su forma de ser». Su primero Nacho García Vega comentó que «era una persona única, como única ha sido su contribución al panorama musical de este país». Miguel Ríos habló de su «talento tan desmesurado»  y Sole Giménez afirmó que «era una gran persona, pero a la vez muy frágil, todos teníamos la sensación de que necesitaba ayuda». Para Pau Donés «ha sido un maestro, el compositor más grande que ha tenido este país», y para Amaia Montero, ex de La Oreja de Van Gogh, «su estilo, sus formas y su manera de transmitir son irrepetibles». También expresó sus condolencias Mariano Rajoy, que envió un telegrama a la familia del músico. La capilla ardiente quedará instalada hoy en la sede de la SGAE a partir de las 13 horas y mañana será incinerados en el cementerio de la Almudena.

 

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