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música Nacho Vegas y Cooper descolocan al mayoritario público británico, mientras junto al festival se desata un incendio

Arde Benicàssim en la tarde más española

  • Arde Benicàssim
en la tarde más española

Tiempo de lectura 4 min.

18 de julio de 2009. 01:09h

Comentada
18/7/2009

El gran susto de la jornada llegó sobre las nueve de la noche, cuando una enorme columna de humo se empezó a divisar desde los accesos al escenario verde. Al otro lado de la N-340 había comenzado un incendio avivado por el fuerte viento que dominó toda la tarde. Hasta el lugar se desplazaron al menos dos dotaciones de bomberos además de efectivos de Guardia Civil, Policía Local y Protección Civil. Al cierre de esta edición, el fuego no hacía peligrar la celebración del Festival ni había obligado a cortar la carretera. La imagen del recinto del FIB hasta que empezó a caer el sol era casi la de una ciudad semideshabitada; con más personal de organización, bares y tiendas que «fibers». Estos andan deambulando por los arcenes de la N-340, dormitando en la zona de acampada o dándose un chapuzón en una playa tomada por los ingleses, que exhiben sin pudor un rojo cangrejo bajo el sol de la Costa del Azahar. Tocaba resaca después de los primeros conciertos del jueves y de una noche que se prolongó hasta el amanecer. Por eso no fueron muchos los que prestaron atención a Nudozurdo, el grupo encargado de estrenar la jornada del viernes. Los madrileños desplegaron, en medio de un intenso calor, un sonido oscuro combinando melodías con atmósferas sofocantes y letras oscuras. Y mientras la banda española atacaba con una agresiva oscuridad los temas de «Sintética», su segundo disco, el flujo de «fibers» crecía: a lo lejos unos cruzaban con carritos de la compra y otros portaban sombrillas, esterillas y tumbonas, como testimonio de un turismo de sol y playa que ahora tiene el ingrediente de la música. Promesa desde Liverpool Una muestra más de la doble velocidad que caracteriza al festival desde hace unos años: decenas de miles de personas para ver a los cabezas de cartel y apenas unos cuantos valientes y curiosos en los conciertos de primera hora. Algo parecido pasó con Polly Mackey & The Pleausure Principle, prometedora y jovencísima banda de Liverpool que al menos sí contó con el apoyo de un nutrido grupo de compatriotas. Más introspectivos resultaron los también británicos The Paris Riots. Poco después nos encontramos con el primer dilema del día: ¿Cooper o Nacho Vegas? El primero, de nombre real Alejandro Díez, tuvo el honor de abrir las actuaciones en el escenario verde (aunque se retrasó un cuarto de hora sobre el horario previsto). Era la cuarta aparición en el FIB del que fuera líder de Los Flechazos, pero aun así a muchos les pilló por sorpresa: sonido anglosajón cien por cien, sí, pero letras en castellano, con el espléndido «Aeropuerto» como última referencia. Su programación justo antes de que actuase Paul Weller no fue ni mucho menos casual, porque su música recibe la herencia directa del mod y el mejor pop británico (de Zombies o Byrds a Teenage Fanclub), con unas canciones que poco tienen que envidiar a las de los más notables compositores de la Pérfida Albión. Entre tanto, Nacho Vegas (que en otro horario hubiera duplicado el público) empezó de forma tibia con «Días extraños» (de su disco conjunto con Enrique Bunbury) como primer tema, seguido de «Que te vaya bien, Miss Carrusel». En medio de un fuerte viento, su concierto fue ganando en intensidad, a pesar de que su música se disfruta más en otro tipo de espacios. Presentó a su grupo, lanzó un «Puxa Asturies» y atacó «Gang bang», recibida con entusiasmo por sus seguidores más fieles. Incluso Jota, el líder de Los Planetas, se dejó caer por la actuación del asturiano, aunque pronto fue reconocido por el público indie, mientras que algunos despistados ingleses se preguntaban quién sería aquel tipo al que los españoles le pedían autógrafos. Por su parte, Nacho Vegas seguía lo suyo, subiendo el nivel con «Dry Martini S.A.» y «El hombre que casi conoció a Michi Panero», dos perlas de su repertorio. Un «hasta siempre» parecía finiquitar el concierto, pero aún hubo un tiempo para una canción más («Detener el tiempo»), algo no muy habitual en los festivales, con referencia explícita al «Blonde on blonde» de Bob Dylan, dejando claro de dónde viene y adónde va. Eso sí, nos quedamos con las ganas de un dueto con su actual pareja, Christina Rosenvinge, a la que se esperaba también en la jornada de ayer, pasada la medianoche. Historia del punk A partir de aquí, cuando el sol ya había encontrado su escondite, la historia empieza a ser otra: la de las grandes cifras, las mareas humanas, las colas interminables para pedir una cerveza, la euforia y los conciertos masivos. El primer gran protagonista era Paul Weller, maestro y mentor de los hermanos Gallagher. Mientras tanto, en uno de los escenarios secundarios tenía lugar otra cita con la historia, en este caso del post-punk más afilado: Magazine, con la formación original de los últimos 70, llegaba para firmar un glorioso reencuentro. La jornada -que reservaba para el último tramo a Los Planetas, Kings of Leon, Joe Crepúsculo, Mäximo Park o el rock oscuro de The Horrors- se saldó con el anunció de la cancelación del concierto de Foals previsto para hoy. Serán sustituidos por el grupo español Delorean.

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